P. Edronkin

Lo que valemos y de donde venimos.

Por Pablo Edronkin



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T.S Elliot dijo una vez que "Solo aquellos que se atreven a ir demasiado lejos son los que saben cuán lejos se puede ir". Creo que es algo cierto; yo lo he visto durante mi vida, lo he aprendido de situaciones en las que no me atreví a hacer algo y siempre permanecí pensando cosas como "..y si yo lo hubiera hecho...", y también de aquellas en aquellas que me atreví a dar un paso al frente y logré algo que otros no han podido lograr.

En este sentido, creo que las actividades al aire libre, el montañismo, el canotaje, y toda actividad que nos haga sentir que somos únicos, que en ese mundo alejado que visitamos somos libres, y que podemos dar aquel salto sobre una grieta o sobrepasar aquellos rápidos más adelante, son mucho más productivas que muchas carreras universitarias o profesionales, pues no hacen saber lo que valemos.

Vivimos en una sociedad que valora cada vez más los títulos que tenemos, la tarjeta de crédito que utilizamos, el auto que manejamos, y el crédito que se dignan en darnos en un banco. Ya no valemos por ser buenos cazadores, buenos médicos o buenos astronautas. No importa y nadie pregunta si uno es o no es un buen trabajador, profesional, artista, etc.

Esto es algo interesante, pues la calidad de lo que uno hace deviene de lo que uno piensa, es decir, de la forma en que uno entiende o asume que tiene que hacer las cosas, y si ya no se valora la calidad del artesano, por poner este asunto de alguna manera, entonces no se valora como sentimos y como pensamos.

De aquí puedo extraer varias conclusiones, y la primera es que es una tontería entonces de que hablemos de vivir en una sociedad democrática. La segunda, que esa alienación nos permea, y tarde o temprano empezamos a vernos a nosotros mismos como nos ven desde afuera, es decir, sin una correcta valoración de nuestra forma de pensar, que es en definitiva, lo que nos diferencia de los seis mil millones de seres humanos restantes.

La tercera conclusión es que de nada nos sirve continuar por un curso semejante.

Creo que es por eso que los andinistas, exploradores, aventureros y deportistas en general encontramos ciertamente difícil apreciar algunas cosas que nuestros conciudadanos citadinos sí aprecian. Creo que es por eso que en realidad somos personas diferentes, y es porque a pesar de todo, esos momentos saltando grietas en un glaciar, o colgando de un paracaídas nos hacen recordar verdaderamente quienes somos y de donde venimos.




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