P. Edronkin

Problemas de convivencia en los grandes grupos de viaje y formas de evitarlos o resolverlos (III).




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Respecto de los grupos menores, hay que decir que no es aconsejable que menos de tres personas viajen a la vez, sobre todo por razones de seguridad.

En regiones inhóspitas, o alejadas de la civilización, hay que contar con que alguien puede contraer una enfermedad o quedar sin movilidad a causa de un accidente.

Puesto Waldorf, en el Cerro Bolsón
Un grupo con el número máximo de integrantes: de izquierda a derecha, David Miranda
Luciano Marcer, Pablo Edronkin, Gustavo Sakuda, Federico Ferrero, María Laura Fernandez y
Emiliano Paredes. La foto fue obtenida en el Puesto Waldorf, una cabaña antigua
en la ladera Este del Cerro Bolsón, en el verano de 1999.

En tales casos, si la afección es menor, pero quedan dos integrantes sanos, es muy probable que puedan continuar con la expedición, y si el problema es grave, entre los dos podrían transportar a la persona afectada o bien uno podría quedarse cuidando a la misma mientras el otro integrante va a buscar ayuda.

Para nosotros, el número ideal de participantes es de cinco, pues con ello se puede contar con un jefe de la expedición, y dos subjefes que pueden quedar a cargo de diversas tareas, al tiempo de asistir a los dos más bisoños con todo lo que tengan que hacer.

De esta manera, el jefe de la expedición o Guía se puede ocupar de seguir el camino, organizar la marcha, etc. mientras dos personas responsables le ayudan, y los dos más inexpertos reciben la atención directa de otros integrantes con mayores conocimientos y experiencia.

En caso de que hubiera que dividir las tareas, ello resulta fácil y hasta automático, y sin necesidad de discusiones ni debates que hagan perder tiempo al grupo.

Es muy importante destacar que el número de personas inexpertas no debe superar el 30% del total del grupo, dado que de lo contrario la eficiencia del mismo será marcadamente menor y además existirá una posibilidad de accidentes y extravíos.

Por otra parte, existen ciertas actividades ya propias del campamento y no de la marcha, que pueden ser percibidas como menos pesadas por las personas inexpertas. Por ejemplo, preparar una fogata o cocinar puede ser visto como un favoritismo o un premio por los inexpertos a quienes se les ha encargado armar las tiendas o carpas, buscar agua, etc.

La realidad es que si bien cocinar requiere de un menor esfuerzo físico, poca gente sabe hacerlo bien en la montaña o en el medio de la naturaleza en general, y si se deja que un inexperto cocine sin más, todo el grupo corre el riesgo de comer mal o no comer nada esa noche.

Lo mismo vale para un fogón: usualmente se acampa cuando ya quedan pocas horas de sol y todo debe prepaararse para armar el fogón y cuidarlo con rapidez. No hay mucho tiempo hasta el crepúsculo y si buen una persona con experiencia puede encender un fuego con relativa facilidad, un inexperto no siempre podrá hacerlo. No se trata de fabricar un teseracto, pero para alguien que no tiene experiencia, iniciar una fogata corretamente puede resultar difícl incluso teniendo los medios adecuados. Recordemos que a los hombres primitivos les llevó miles de años desarrollar la tecnología para encender fuego por sus propios medios en vez de limitarse a aprovechar como podían de las llamas existentes, las cuales debían ser conservadas y cuidadas constantemene si es que una banda o tríbu deseaba sobrevivir.

Si se deja a un bisoño esta tarea, consumirá demasiado material para encendido (papel, yesca, etc.), tardará demasiado tiempo, con lo cual se perderá la poca luz del sol que queda para disfrutar un rato, para hacer reparaciones, etc., se cenará mas tarde, y también existe la posibilidad de consumir demasiada madera necesaria para hacer fogones posteriores. Hay que tener presente que el tiempo de acampada es cuando será posible hacer reparaciones, curar heridas, etc. por lo que muchas veces será aconsejable que las tareas sean rotativas, de modo de permitirle a todos poder atender sus menesteres. En general, estar cuidando el fuego y cocinar es lo que mejor permite hacer cosas como coser ropa, reparar calzado, etc. por lo que una vez encendido el fogón, quizás sea necesario asignar la tarea del cuidado del fogón a quienes tengan que realizar las reparaciones o curaciones más urgentes,

Debe recordarse que no siempre se podrá acampar en condiciones ideales, y no siempre habrá suficientes árboles cercanos como para obtener madera de ellos. Lo qe sí hay que tener siempre presente es que un fogón nunca debe quedar sin supervisión. La rapidez con la que el fuego puede propagarse y quedar fuera de control es muchas veces sorprendente. Con unos pocos segundos es suficiente para pasar de uan situación normal a una auténtica emergencia, por lo que la atención qe requiere una fogata nunca debe subestimarse.

Si el número de inexpertos es demasiado alto, literalmente, las protestas de uno tendrán más eco en todo el grupo, pues habrá más personas que en base a su desconocimiento e inexperiencia, le apoyarán en lo que a ellos les parecerá razonable en base a sus experiencias habituales y propias de la ciudad, pero que poco tienen que ver con las actividades al aire libre.

En tales condiciones, los Guías o quienes estén a cargo del grupo tendrán que hacerse mala sangre permitiendo que se cometa un número de errores totalmente innecesarios, o bien tendrán que explicar, discutir o imponer sus puntos de vista, lo cual será siempre desagradable y hará perder más tiempo

Para decirlo de otra forma, una elevada proporción de inexpertos en su grupo de viajes sería un problema innecesario.




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