P. Edronkin

Un comentario sobre el exceso de accidentes de montaña en la región de El Bolsón.




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Yo soy montañista desde los tres años de edad. He pasado años enteros de mi vida en la Comarca Andina, cerca del paralelo 42, y conozco las montañas de Argentina, Chile y también de otros países.

En los últimos años he observado que en la región de El Bolsón el número de accidentes fatales en la montaña se ha incrementado de forma alarmante.

No pretendo juzgar a los demás, pero es evidente que algo está sucediendo, y que no se están tomando las medidas adecuadas para disminuir la incidencia de estos casos.

Desde un punto de vista funcional, las fuerzas de seguridad locales carecen de presupuesto, equipo y entrenamiento necesarios para enfrentar muchas de estas situaciones. El estado al que están sometidos estos organismos y servicios es lamentable desde hace varios años.

Cacho puede ser un buen tipo y preparar el mejor asado de la zona, pero si Cacho no sabe, no hay manera en la que pueda hacer las cosas. Cacho, el peluquero, el abogado local y quien sea tienen todo el derecho del mundo de meterse en política, como yo tengo derecho de intentar convertirme en astronauta o médico, pero primero debería estudiar y prepararme. A Cacho no le gustaría que yo intentara hacerle un transplante de hígado sin ser cirujano.

Pues bien, la gente cuyas vidas quedan expuestas a cierto tipo de riesgos sobre los que los 'Cachos' tienen autoridad deben saber que se arriesgan tanto como si se dejaran operar por el Doctor Lecter.

No tengo nada en contra de Cacho, del escribano, ni de nadie, pero no debemos confundir voluntarismo con capacidad, y el hecho es que para administrar ciudades y sociedades hace falta algo más que las buenas intenciones o saber tocar el bombo.

El día que esta noción cale profundo en la mente de la gente, la Argentina probablemente dejará de ser el caos que siempre ha sido.

Seguramente alguien me dirá que estoy siendo 'racista' con Cacho, o que soy un 'oligarca' o cosas por el estilo. Pero la realidad es que estoy hablando en base a la experiencia, pues este año tuve que intentar rescatar a un par de personas accidentadas de las que nadie sabía nada, y no es la primera vez que sucede. Basta de tonterías.

Puedo hablar de numerosos casos similares, y si bien la imprudencia y la impericia de los caminantes son las causas principales de estos problemas, es hora de que alguien responsable haga algo al respecto, así que al que no le gusta que critique a Cacho de esta manera, que se deje operar el cerebro por gente de ese tipo.

Desde un punto de vista político, no me parece que haya ninguna voluntad real para resolver estos problemas, ni tampoco capacidad intelectual o profesional para hacerlo. Es un hecho conocido que las instituciones políticas de la Argentina no cumplen con sus funciones desde hace bastante tiempo, y no funcionan porque toda la 'selección natural' de personas para los cargos públicos es una patraña, una selección negativa en la que los bien intencionados que pudiera haber son absorbidos por un sistema que parece existir solamente para mantenerse a sí mismo.

Por otra parte, el país entero está plagado de ideologías y creencias poco prácticas y para nada fundamentadas que condicionan cualquier proceso de toma de decisiones, tornando en inservible al liderazgo social. A la gente en todas partes le gusta más decir que el otro tiene la culpa, pero en la Argentina y gracias a sus crónicos problemas esto parece haberse convertido en parte del acerbo cultural.

Existen grupos de gente independiente, voluntaria y bien intencionada como los clubes andinos locales, sociedades de fomento, etc. pero que carecen de autoridad legal y organización efectiva para realizar tareas de rescate, sobre todo cuando tales hechos tienen connotaciones de tipo forense o policial. Es decir, estos grupos pueden hacer más mal que bien a la hora de realizar rescates, pues pueden destruir evidencias o causar nuevos accidentes.

Por otra parte, ¿para qué pagamos impuestos? ¿Para qué existen los organismos oficiales que se supone que deben garantizar la seguridad de la gente?

Esta desorganización no es algo nuevo en la Argentina, es la norma. Yo recuerdo que hace unos años las provincias tenían libertad total para modificar los husos horarios en verano e invierno, y recuerdo que en un país de no mucho más de 1.000 kilómetros de ancho, teníamos tres horarios diferentes.

'No existen malos soldados, sino malos oficiales' dijo hace 3.500 años el General Sun - Tzu, y creo que es cierto. No podemos pretender que los clubes de montañistas o los bomberos o las fuerzas de policía realicen ningún trabajo ni puedan fiscalizar o controlar a quienes van a la montaña y en algunos casos se matan, si no existe un mínimo de voluntad política por parte de las autoridades que se supone que están en los puestos que ocupan para hacer algo.

Por supuesto, hablar es fácil, pero si alguien tiene la responsabilidad de hacer algo al respecto son las autoridades elegidas por la propia población para ello, y lo que deben aportar son resultados en vez de excusas, y yo no solamente hablo, sino que hago cosas en tal sentido.

Lamentablemente, muchas de las personas que se dedican a la política, especialmente en el orden municipal, son ignorantes, no tienen preparación para administrar, no tienen cultura (basta escucharlos hablar mal nuestro idioma) y en muchos casos son oportunistas surgidos a partir de estructuras partidarias que poco tienen que ver con las necesidades reales de la población.

Esta gente puede tener o no buena voluntad para resolver los problemas, pero incluso si la tienen, con ello no alcanza, del mismo modo que para curarse no basta con tener un deseo, sino que hace falta un médico.

Evidentemente, en la Argentina, en la Provincia de Río Negro, y en la Ciudad de El Bolsón, hay problemas más llamativos, más grandilocuentes, o que pueden inflamar más pasiones que uno o dos pobres tontos que se pierden en las montañas y mueren a las pocas horas, pero ya sería hora de que quienes se tienen que hacer cargo de administrar la zona lo hagan de verdad.

De lo contrario, seguirá muriendo gente.




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