Don Pablo Edronkin

Consideraciones sobre los sistemas reglamentarios de las organizaciones modernas (III).




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Si un líder o aspirante a serlo intenta forzar un cambio para obtener provechos personales apelando a argucias persuasivas pero falaces o a la demagogia, puede hacer que el peso de la opinión pública le permita forzar tales cambios.

Un ejemplo muy claro de esto lo brinda la historia de la Presidente Cámpora y toda su cadena sucesoria, a fin de permitir la vuelta al poder del recientemente regresado General Perón.

Para evitar el esto dentro de un grupo, hay que empezar por respetar las normas sobre la base de principios. Hay ocasiones en que una norma dada puede resultar de cumplimiento engorroso, y por consiguiente se la intenta pasar por alto de manera más o menos legal, a fin de abrir el camino para hacer lo que se desea.

Hay pocas cosas tan peligrosas para una institución como lo es esta conducta, pues como mencioné anteriormente, se está sentando un precedente, y en los hechos, las sociedades que han aplicado esta modalidad para hacer las cosas, han obtenido alguna que otra ventaja momentánea, pero muchos males de largo plazo.

La Argentina de fines del siglo XX y sus 'Decretos de Necesidad y Urgencia' validados constitucionalmente tras una reforma de la carta magna de dicho país, son un claro ejemplo de lo malo que puede ser para una organización el hecho de buscar chicanas a los procedimientos reglamentarios habituales.

Si usted está interesado en la formación y administración de una organización, sepa que una de las cosas más fundamentales de las que la debe proveer es de reglas de juego sensatas y bien establecidas; que debe hacer respetar dichas reglas, y que no las debe cambiar a su antojo.

Creo que fue Montiesquieu quien dijo que la diferencia entre un verdadero demócrata y un tirano es que el demócrata percibe a las reglas como un límite para sus deseos personales, mientras que el tirano las ve como una oportunidad.

Es bastante común que en diversos tipos de corporaciones, y creo que principalmente en las comerciales, la relación entre un superior y un subordinado sea mala.

EL superior trata al subordinado como un objeto, y el subordinado trata al superior como un enemigo.

Por miles de años, desde que Sun Tzu escribiera su obra "El Arte de la Guerra", se sabe que la relación de mando debe ser inspiracional. El superior debe actuar como un líder, sin ser leniente con sus subordinados, pero no solamente tratando de que hagan las cosas, sino enseñándoles, guiándoles para que algún día le superen.

En la mayor parte de las organizaciones, este concepto se ha perdido o nunca se ha aprendido.

No es de extrañarse, pues, que el 95% de las organizaciones de todo tipo fracasan antes de sus quince años de vida.




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