Don Pablo Edronkin

Consejos de montañista: escalar es progresar.




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Cuando se sube una montaña no se está caminando, se está progresando, pues el hecho de llegar a la cima tras vencer todos los obstáculos que hay en el camino es mucho más que simplemente llegar a un lugar.

Escalar se diferencia profundamente desde un punto de vista técnico de lo que es simplemente subir caminando por una montaña.

Sin embargo, ambas modalidades del montañismo comparten una cosa en común, y es el efecto que ambas tienen sobre la mente del montañista.

Aparte del placer de una buena vista y estar en contacto con la naturaleza, el que escala o el que simplemente sube una montaña va sufriendo una serie de cambios de los que quizás no es totalmente consciente, y es que por lo general, a medida que va ganando experiencia técnica en lo que hace, también su carácter va cambiando.

El que sube montañas de la manera que sea, aprende a valorar los riesgos, reconocer sus límites personales, y la fuerza relativa de cada uno de nosotros 'vis-á-vis' la naturaleza; es decir, gana una mejor perspectiva respecto de lo que puede, debe, no debe y no puede hacer.

Muchos de nuestros problemas cotidianos se deben a que alguien - nosotros u otros - no reconocemos los límites que la vida nos impone, y en vez de tratar de hallar soluciones creativas, optamos por lo que nos parece que es el camino más fácil, el cual muchas veces no es el mejor.

De esta manera es que muchos millonarios hacen honor a la creencia popular de que detrás de toda gran fortuna hay un gran crimen. No siempre es así, por supuesto, pero esto ocurre con demasiada frecuencia porque nosotros, como miembros de la sociedad, ricos o pobres, inteligentes o tontos, poderosos o débiles, padecemos de un mal común que es la falta de entendimiento del efecto que tiene el esfuerzo para lograr una cosa.

No se trata de que no nos esforcemos: muchos trabajamos largas horas, estudiamos, y todo lo demás; sin embargo, no comprendemos exactamente por qué debemos esforzarnos y qué podemos obtener de ello.

No se trata de que hay que esforzarse porque la ley lo dice, o porque así lograremos el triunfo - porque también se puede caminar en círculos - y ni siquiera porque así apreciaremos las cosas.

El esfuerzo en realidad nos enseña mucho más que el valor de las cosas; nos genera una actitud por la cual combinamos esa apreciación con la autoestima, el entendimiento de lo que es la persistencia y la facultad de corregir todos los pequeños errores que cometemos en el camino. Esforzarse por solamente el placer de sufrir no es progreso, que solamente puede ocurrir si primero entendemos qué efectos tiene lo que hacemos sobre lo que somos.

Por eso es importante que le prestemos atención a tratar de entender lo que es el esfuerzo, y que también tratemos de explicarlo - principalmente a los niños - de modo tal que cada uno pueda sacar alguna conclusión acerca de ello, porque es la única forma en la que podemos hacer que todo lo que hacemos con tanto trabajo no nos convierta en otro individuo - otro punto - gris en una gran planicie de grises.

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Marchando sobre un glaciar.
No solamente el objetivo es el triunfo, sino el buen
aprovechamiento de la jornada.



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