Don Pablo Edronkin

Enrique Oliva, alias Francois Lepot, está equivocado respecto del Rey de la Araucanía (VIII).




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Los pueblos indígenas se basan en su tradición oral, lo cual es considerado como algo válido, aunque quizás no estrictamente científico, como lo entendemos los occidentales.

Del mismo modo se ha transmitido gran parte de esta historia del Reino de la Araucanía y Patagonia, es decir, historias, algún que otro documento, y también, por qué no, tradición oral.

Ahora bien, el autor asigna a la tradición oral de los indios un valor de verdad que no le asigna por igual a la tradición oral de la Casa de la Araucanía y Patagonia, pero para hacer un análisis totalmente imparcial de este asunto, en realidad debería hacerlo.

Es decir, las simples afirmaciones o aseveraciones de la nobleza o realeza de este reino deberían ser tan suficientes para satisfacer a Lepot como lo son las palabras de los indios actuales.

Es decir ¿cómo es posible que Lepot se base en cierto tipo de evidencia para sostener su posición pero no admita que exactamente el mismo tipo de evidencia es aplicable por la otra parte también?

Al fin y al cabo, también estos están presentando una cierta tradición oral y escrita, y si una parte basa sus ideas en un conjunto de pruebas no fehacientes, Lepot no le puede pedir a la otra que apruebe datos más concretos de lo que está dispuesto a aportar por su propio lado.

De hecho, los indígenas de hoy en día tendrían algún que otro motivo para callar, como lo podrían haber tenido los propios caciques como Quilapán, que una vez presentados con el hecho consumado de la ocupación argentina y/o chilena, deberían colocarse a tono con "la historia oficial" a fin de no perecer, por lo que su propia tradición oral podría ser parcial en este caso.

No nos olvidemos de que han sido sojuzgados, y pretender obtener un argumento válido de ellos como lo hace Lepot, es como pretender que los Alemanes hubieran podido obtener votos franceses legítimos en 1941 para elegir a un gobierno colaboracionista.

Por otra parte, Lepot no toma en cuenta que muchos papeles y documentos pueden haberse destruido efectivamente durante la segunda guerra mundial, y es evidente que ello debe ser considerado tanto como los gobiernos de muchos países Europeos lo consideran haciendo respecto de las identidades y propiedades de sus ciudadanos.

Es bien sabido que las escrituras y títulos de propiedad se extraviaron, y sin embargo, los gobiernos están dispuestos a aceptar papeles de menor relevancia como material probatorio.

Por ejemplo, muchas personas solamente tenían la posibilidad de probar que vivieron en un país determinado por contar con algún recibo sin mayor relevancia, como los que se entregan por el pago de un alquiler, o cosas por el estilo. 

Estas personas no contaban ni con pasaportes, ni con ningún otro tipo de documentación, y si este criterio ha sido válido para, literalmente, millones de personas, también puede aplicarse en este caso.

Además ¿no hemos tenido un "Día de los tres gobernadores" en la Provincia de Buenos Aires?

Es decir, si para el caso de esta provincia argentina se reconoce que hubo gobernadores que duraron un solo día, con más razón el monarca, aunque hubiera gobernado por dos noches, ya debería ser considerado como tal.

Por otra parte, la existencia de un vicepresidente, que asume el poder cuando el jefe de estado no está disponible, lo cual sucede a veces también por un solo día, es una prueba más de que no es posible descalificar una gestión sobre la base de su breve duración.




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