P. Edronkin

Enrique Oliva, alias Francois Lepot, está equivocado respecto del Rey de la Araucanía (XI).




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El autor relata que los mapuches "no recuerdan" a ningún rey, y se enzarza en esto, como sugiriendo la insignificancia del mismo para los mapuches, sus supuestos súbditos.

Esto ya fue analizado en el capítulo anterior, pero también se lo puede ponderar desde otros puntos de vista que resultan interesantes.

Basta escuchar los descalificativos que los propios Argentinos emplean en contra de su propio estado para entender que un ciudadano de este país no puede, moralmente, aplicar esta vara para juzgar el asunto en cuestión.

Esto es una interesante descalificación "ad hominem" e incluso "ad populum", pero podríamos rebatir este argumento diciendo que si le preguntamos el nombre del presidente argentino que gobernaba en 1900 a la mayor parte de la población de este país de forma intempestiva, seguramente muchos tampoco se acordarán.

Si los ciudadanos blancos argentinos no se acuerdan de su presidente de hace cien años ¿Por qué los indios deberían hacerlo con su monarca?

Por otra parte, la posición ideológica del autor (de izquierda, por lo que confiesa por el uso del seudónimo) es una demostración clara de que es anti-monárquico, y además resulta interesante que el uso de un seudónimo para protegerse de los militares Argentinos haya sido empleado en Francia (en el juicio que le hizo Philippe Boiry, donde, en los anales legales figura el seudónimo y no el nombre verdadero del autor) y se critique el empleo de argucias legales idénticas (supuestos seudónimos) por la otra parte al mismo tiempo que se recurre al empleo de un seudónimo propio, por la razón que sea.

No nos olvidemos que más allá de las justificaciones iniciales para emplearlo inicialmente, fundamentadas en la necesidad de escapar de la dictadura militar Argentina que gobernó al país hasta 1983, el autor lo emplea en 1995, lo cual no resulta claro.

Es obvio que los seudónimos se emplean para ocultar la verdadera persona del que escribe el libro. Si este trabajo pretendía demostrar que todo este asunto del Reino de la Araucanía y Patagonia es una farsa, el hecho de haber empleado un seudónimo descalifica de forma total al mismo, pues el propio autor, es decir, Lepot, se convierte en una farsa.

Además, el empleo de argumentos legales rebuscados y la explotación de lagunas o puntos oscuros en la ley por parte del Príncipe heredero no puede decir más que la otra parte emplea un buen abogado. Al fin y la cabo ¿Qué hay de malo en emplear ventajas, nada menos que legales, para favorecer la posición de uno mismo? Cualquiera lo haría, y mientras no se incurra en delito, no puede haber nada malo en ello. 

Si se protesta contra el uso de elementos legales ¿qué es lo que se sugiere? ¿Que acaso actuar ilegalmente es mejor? ¿O acaso que la otra parte debe hacer lo mismo que los grandes hacemos con los niños, es decir, dejar ganar al otro?

¿Ha sido violada la ley en esos procedimientos? Si no lo ha sido, entonces hay poco de que hablar.

Por otra parte es obvio que el autor no es parte independiente en este asunto, puesto que es ciudadano de uno de los dos países que según las teorías de la otra parte han suprimido todo conocimiento acerca de este Reino que supuestamente ha existido. 

Esto, sumado al hecho de que existe una evidente animosidad personal entre el autor y la otra parte, debe ser tenido en cuenta a la hora de analizar la información contenida en el libro.

Por último, no debe olvidarse que los indios, después de ser maltratados por las fuerzas militares que invadieron su territorio, debieron firmar tratados de paz a fin de conservar sus tierras, y que la propiedad de estos terrenos, prácticamente en todos los países del continente, es todavía un asunto pendiente de litigio tanto judicial como político.

Resulta evidente desde este punto de vista, que si se está negociando la devolución de tierras y la parte que espera recibirlas porque tiene sólidos argumentos a su favor, es decir, los indios, pueden bien adoptar una postura puramente política y a los fines de la negociación en el sentido de no traer a colación un tema que puede dañar el estado presente de las negociaciones.

Basta colocarse en el lugar de los indios para entender esto: si yo fuera cacique o representante de la comunidad indígena, no pelearía por un detalle histórico que no viene al caso para mi reclamo, sino que concentraría mis energías en lo que realmente me interesa y, si por otra parte existiera la posibilidad de que me acusaran de sedición por sugerir que los territorios de la Argentina o Chile en realidad pertenecen a otro estado virtualmente ocupado por estos, entonces me callaría la boca también.

Es decir, la supuesta falta de memoria de los indios respecto de este rey puede deberse a la simple ignorancia que todos los pueblos poseen, y también a intereses creados.




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