P. Edronkin

Enrique Oliva, alias Francois Lepot, está equivocado respecto del Rey de la Araucanía (XVIII).




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Antoine I fracasó y triunfó. No se convirtió en uno de nuestros super héroes, pero creo que es un símbolo de lo que en realidad San Martín, O’Higgins y otros fueron. Es decir, seres humanos con una idea y con una visión; con la creencia de que en realidad nada es imposible.

Lo que muestra la historia de Antoine I es a un personaje más que notable, con sus virtudes y por supuesto, flaquezas, pero a alguien que en definitiva logró ser lo que quiso, porque incluso hoy en día sigue siendo un Rey, sin recibir el endiosamiento que se le asigna a quienes logran dirigir efectivamente un estado.

Antoine I logró convertirse en un Rey Humano.

Si después de cien años desde su muerte todavía se lo recuerda y hay quienes sienten la necesidad de atacar su persona, es porque algún valor tiene, mal que les pese a los chauvinistas. Lo que el primer Rey de la Araucanía y Patagonia simboliza, y lo que su vida puede enseñar deberían servirnos de lección en vez de encarar el asunto como una “afrenta” a una supuesta dignidad nacional que en la práctica poco ha servido a los habitantes de estos pueblos.

Antoine I, poseía una tenacidad poco habitual en la mayoría de las personas, y eso lo debería convertir en un ejemplo, no en un payaso de nuestro propio circo, porque al pretender hacer descender a quienes consideramos como adversarios o enemigos al nivel del barro, nosotros descendemos también, y una vez que estos fantasmas desaparecen, nosotros permanecemos allí.

Es muy extraño que gente de letras, del mundo universitario, no hagan esta distinción, aunque no estén de acuerdo en el todo, pues al no hacerla, no la saben o no la quieren saber, y no la enseñan o no la quieren enseñar.

Es por estas conductas que seguimos y seguiremos en el barro, hasta que aprendamos a asignarle otro valor a la historia.

En definitiva, la Argentina y Chile han vencido. Los indios han sido derrotados, Antoine I y su reino se esfumó, mientras que sus descendientes viven fuera de la región. 

Los emperadores Romanos, en el Circo, muchas veces debían decidir la suerte de los gladiadores vencidos. Entre ellos, que indudablemente formaron uno de los mayores imperios de la historia, la valentía era una cualidad y una virtud, y los emperadores decidían si le otorgaban al derrotado una segunda oportunidad en función de ello.

Lepot debería haber sustentado sus puntos de vista con datos más concretos en vez de verborragia, a fin de que no quedaran dudas sobre su obra que, en vista de los hechos, no parece un trabajo bien intencionado.

El trabajo de Lepot me recuerda a una carnicería irracional con muchos puntos, motivos y argumentos cuestionables y contradictorios con sus propias acciones, lo cual no me parece propio de quien realmente sustenta la verdad sino una ideología. 

Por ello yo creo que a pesar de todo, Antoine I y su Reino merecen nuestros pulgares hacia arriba.




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