P. Edronkin

Una breve reflexión sobre el liderazgo y la tiranía (I).




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" No debe confundirse la palabra "liderazgo" con "tiranía".

Es bastante común ver a personas que aspiran a colocarse en posiciones de liderazgo, aplicar conceptos, ideas y métodos que son más bien propios de los tiranos que de personas verdaderamente representativas en su posición de liderazgo.

El hecho de actuar como líderes representativos, ya sea en grupos de viaje, situaciones de supervivencia o emergencias, o bien, en cualquier orden de la vida, es muy importante, y no solamente un detalle técnico apropiado para la representación política.

En las empresas, ejércitos y organizaciones privadas o públicas de todo tipo, los líderes deben ser representativos, debe actuar en base a los intereses de la organización que pretenden liderar, y deben ser percibidos por sus subordinados como inherentemente capaces de brindarles a ellos respuestas a sus problemas. El líder debe ser capaz de inspirar confianza y para ello debe sentir confianza en sí mismo; de lo contrario nunca va a ser un buen lí1der. Como sugirió Publio Siro, nadie llega a la cima de la montaña si siente miedo.

Si un líder se basa únicamente en su relación relativa de poder para sustentar su posición, entonces actúa como un tirano. Estos líderes asegurarán el funcionamiento de la organización a corto y mediano plazo, pero eventualmente caerán cuando dicha relación de poder se altere, y en tal caso, no podrán esperar ninguna solución o apoyo para su propia posición.

En las familias y círculos en los que se han detentado posiciones de poder y liderazgo por un largo tiempo, en general la confiaza de los sucesivos líderes ya aparece como un trato natural. Es entre otras cosas, lo que explica por qué de las familias de militares aparecen nuevos militares, de las familias de líderes políticos suelen aparecer más políticos destacados, y de las familias acaudaladas o de la aristocracia parecieran surgir más personas destacadas que de otras clases sociales.

Esto, por supuesto, no es una regla escrita en piedra, pero tales tendencias existen más allá de otro tipo de factores. Por ejemplo, la familia Kennedy en Estados Unidos produjo un gran número de políticos destacados en un par de generaciones. Esto se debió indudablemente a la capacidad de negociación de la propia familia, a las influencias, presiones, arreglos y tratos, pero en algún punto y en una medida nada desdeñable, también se debió a las características personales de aquellos miembros de esa familia que ganaron elecciones, porque para ser votados por la gente necesariamente tenían que mostrarse frente al público de una manera creíble.

Por otro lado, en el caso de líderes naturales, elegidos por la gente, pero de un orígen social más dudoso o menos claro, esos líderes suelen transformarse en más bruscos, cuestionables y hasta irracionales, movidos por el resentimiento personal hacia la sociedad. Por caso: Eva Perón, hija bastarda de un padre que tenía una familia oficial que la despreciaba a ella cuando era niña, lo que motivó su resentimiento hacia la aristocracia, José Stalin, ex asaltante de bancos devenido en líder militar, humillado por los polacos en una derrota catastrófica en 1919, lo que motivó el odio particular que profesaba hacia Polonia en décadas posteriores, Adolf Hitler, que pasaba por una muy mala situación económica en su juventud y erminó culpando a los judíos por ello, y muchos otros.

No es que provenir de las clases bajas sea un signo de maldad o incompetencia, pero para funciones de liderazgo, la gente de tal orígen suele no estar tan preparada para ejercer el mando, y lo ejerce de forma amuplosa y arbitraria con más frecuencia que otros cuando llega a detentarlo, porque sencillamente no están acostumbrados desde sus hogares a vivir con el poder. El hecho que muchos líderes sindicales que empiezan con buenas intenciones acaban por convertirse en mafiosos tiene mucho que ver con esto y con el desenfreno que se genera cuando por primera vez se logra tener al alcance cosas que antes se desconocían.

No hay que olvidar que en la república romana y hasta el advenimiento del primer demagogo, que fué Julio César los senadores se elegían entre las familias patricias, para las cuales existían requisitos mucho más elevados que para el resto de los ciudadanos. En los primeros años desde la independencia de los Estados Unidos, no todos podían votar. es cierto que las mujeres, los esclavos, los indios, etc. estaban excluídos, pero también muchos hombres blancos, pues para votar y con más razón, para ejercer cargos públicos, se requería de cierto nivel económico. Al margen de la discriminación existente y que debe colocarse en su adecuado contexto histórico, los fundadores de Estados Unidos sabían que una democracia no podría sustentase frente a enemigos poderosos, como las coronas de españa o Inglaterra, si la toma de decisiones quedara en manos de gente poco preparada. Y el hecho es que tanto a los romanos como a los norteamericanos el método les funcionó.

Los romanos, los norteamericanos y otros no hicieron esto puramente por ser segregacionistas, sino que observaron de forma empírica lo que el marqués De Condorcet plasmó de manera matemática, en un teorema que lleva su nombre: el voto es la mejor forma de acercarse a una decisión óptima, pero siempre y cuando los votantes posean la misma información y estén en las mismas condiciones. En una sociedad desigual ello no es posible, tampoco es posible tener una sociedad igual para todos, y por lo tanto el voto en las democracias modernas es un mal menor, pero no necesariamente lo que garantiza la mejor toma de decisiones, y cuanto más técnicas estas tienen que ser, tanto menos sirve el voto a no ser que todos los involucrados sean expertos.

Por eso es que en un centro de control espacial los ingenieros de vuelo pueden votar una decisión frente a una crísis y así deciden los pasos a seguir durante cada misión de exploración del espacio, porque todos estás igualmente capacitados, pero en un crucero de lujo las decisiones las tiene que tomar el capitán, porque sus pasajeros y subordinados sencillamente no saben tant como él, y ambos paradigmas de liderazgo coexisten en el mismo mundo, al mismo tiempo.

Un líder representativo, que cuente con el apoyo de sus subordinados, y que sea carismático, en caso de verse frente a situaciones difíciles, ya sean personales o bien propias de la organización que comanda, encontrará apoyo cuando lo necesite. Cuanto más se confíe en el líder, tanto más fácil resultará esto, y dicha confianza proviene de muchos aspectos, pero como acabamos de describir, el entorno en el cual se ha formado el líder tiene mucho que ver. En otras palabras: las familias de líderes competentes suelen formar líderes competentes y con mayores recursos intelectuales y hasta morales para proceder bien, que los líderes que surgen de la nada, por más legítimos que sean porque hay cosas que el dinero o el poder no pueden comprar, y hace falta generaciones para convertir a las dotes de liderazgo en algo así como un talento natural. Quien de alguna manera ya fué líder toda su vida no necesitará corromperse o actuar de forma despótica para demostrarse a sí mismo que es quien manda (Ver The Skowronek Bankers).

Por consiguiente, los líderes tiránicos siempre se encuentran en una situación más vulnerable que aquellos que son representativos y en los que la gente confía, y por más que crean que dominan la situación por la fuerza, ello a lo suma les garantizará cierta estabilidad interna, pero no les protegerá de influencias externas que puedan afectarlos a ellos o a la organización en general."




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