Don Pablo Edronkin

Consejos para la formación de redes de fomento de bajo costo en Latinoamérica (III).




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"El caso de la Reichswehr:

Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania se enfrentó a severas restricciones en lo que se refiere a su capacidad para mantener sus fuerzas armadas. El Tratado de Versalles imponía una limitación de 100.000 hombres para su ejército, con lo cual los aliados contaban con que los Alemanes no representarían nunca más una amenaza.

El Alto Mando Alemán, frente a estas limitaciones, decidió que se atendría a las mismas pues no le quedaba otra alternativa, pero consideró que intentaría por todos los medios que cada uno de esos 100.000 hombres tendría una capacitación y entrenamiento que fueran muy superiores a la habitual, y partiendo del supuesto de que algún día el tratado en cuestión perdería vigencia.

De esta forma, cada integrante de la Reichswehr o Ejército Alemán se convirtió en un soldado altamente entrenado, y no solamente en cuestiones puramente militares, pues otra de las ideas del Alto Mando era que esos hombres estuvieran capacitados para que, en el momento de anularse el Tratado de Versalles, se convirtieran en el núcleo capacitado del nuevo ejército.

Sin ningún ánimo de aprobar lo que a continuación hicieron los Alemanes con Adolf Hitler a la cabeza, lo que sí hay que mencionar es que la estrategia resulto sumamente efectiva, pues cuando alrededor de 1935 el Tratado de Versalles fue finalmente denunciado por el Gobierno Alemán, las fuerzas armadas fueron reconstituidas muy rápidamente y se convirtieron en un adversario implacable para sus antiguos enemigos.

Más allá de las connotaciones históricas e ideológicas del caso, aquí vemos un ejemplo de una organización que sufrió severas restricciones en cuanto a su capacidad, presupuesto y tamaño permisibles para lograr sus objetivos, pero que supo maniobrar sabiamente para, de hecho, progresar bajo circunstancias tan adversas.

Desde luego que al analizar un caso como el de la Alemania de la primera mitad del siglo veinte hay que tener en cuenta que el progreso por sí mismo, si bien es meritorio como esfuerzo, también necesita de un objetivo adecuado en términos materiales, éticos y morales. Los alemanes, con la misma capacidad para sobrevivir y prosperar construyeron su república federal tan solamente unos años después de haber construído el régimen nazi. Se puede reconocer la capacidad de recuperación de Alemania tras la primera guerra mundial, o sus autopistas, o su tecnología, pero no hay que olvidar que hasta 1945 esas cosas estaban al servicio del mal común. Después de 1845, toda esa capacidad se volcó hacia el bien común, con los resultados que vemos en la actualidad.

Bien vale recordar lo que dijo alguna vez William Feather en este sentido "La experiencia y el entusiasmo son dos atributos que rara vez se encuentran."

Por eso, cuando se habla de progreso, crecimiento, ciencia, tecnología, justicia social, etc. hay que tener presente que una cosa es el valor aislado que tienen esos conceptos, y otra el valor que toman de acuerdo a cómo se interpretan y utilizan esas ideas. En materia de liderazgo la bondad de una idea u objetivo no alcanza para que la acción de liderar en esa dirección sea positiva, del mismo modo que no alcanza con conocer una sola coordenada para saber dónde se encuentra un punto en el mapa, sino que se necesitan dos.

Esto demuestra que incluso bajo tales condiciones, es posible formar una organización efectiva, y que para ello, es necesario apelar a la calidad de sus integrantes más que a la cantidad."




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