P. Edronkin

Ecologistas lidiando con políticos (III).




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"Es, para decirlo de otro modo, un pacto con el Demonio, o por lo menos puede serlo, por lo que es necesario extremar cuidados antes de hacer cualquier cosa.

Todo acuerdo con un político es en definitiva, hacer política. Si un político nos va a representar, va a hacerlo más que por inquietudes personales, porque puede obtener algo de provecho para él o ella, o al menos una razonable dosis de prudencia así nos debe hacer pensar.

Mientras ese rédito se limite a un cierto grado de exposición pública para obtener votos, el acuerdo podrá ser legítimo, pero el primer problema puede presentarse si del político no podemos entrever, deducir u obtener de forma manifiesta sus intenciones, pues lo que sucederá entonces es que estará dejando sus opciones abiertas.

Ello quiere decir que más adelante, y sobre todo cuando esta persona vea condiciones favorables, podrá pedir lo que desee a cambio, y en muchos casos, el ecologista individual o el grupo deberá ceder pues no quedará ninguna otra alternativa.

Por ejemplo, si un político en cuestión asigna fondos que a su vez recibe para hacer obras de gobierno, a los fines ecologistas que sostenemos, a corto plazo nos estará haciendo un bien, pero más adelante podrá pretender tomar control de la institución ecologista para sustentar sus fines personales o lo que es peor, podría emplearla para fines no legítimos.

No se debe creer que porque un político se hace eco de una campaña o iniciativa ecologista la misma vaya a triunfar, o aún sobrevivir."




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