P. Edronkin

La credibilidad o el caos (Parte XIV).



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"Entre muchos dimes y diretes, a los brillantes estadistas argentinos se les ocurrió, entre otras cosas y a fin de ganar un poco de credibilidad, garantizar el pago de la deuda externa directamente con el dinero de la recaudación de impuestos que estaba destinado al pago de los salarios del personal del estado, las jubilaciones y cosas por el estilo.

Por supuesto, la jugarreta no les funcionó pues desafía el sentido común y ni siquiera los supuestos beneficiarios de tal medida podrían sentirse confiados gracias a ella, pues evidencia un grado de deslealtad que es supremo

Si bien algunos podrían pensar que los banqueros podrían sentirse felices porque de esta forma les garantizarían el cobro de su dinero, hasta ellos se asombraron de tan tamaña estupidez, pues ¿Quién le va a creer a un gobierno que recurre a semejantes métodos? ¿Cuánto tiempo podrían permanecer en el poder haciendo tales cosas? ¿Y cuando finalmente la población se les subleve, qué sucederá? ¿Qué clase de gobierno le hace eso a su propia población? ¿Y si se lo hace a los propios, qué le impediría hacerle cosas similares a extraños?

O sea, nadie es tonto, y no se puede pretender engañar a todos todo el tiempo. El gobierno argentino está formado por una pandilla de mafiosos seguida por un enjambre de inútiles que de vez en cuando le deja algún que otro puesto a un adminsitrador profesional, cuando ya han destrozado todo lo destrozable. Este tipo de cosas se saben, el mundo se entera, y el chiste termina, tarde o temprano con un costo terrible para los causantes.





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