P. Edronkin

Los conflictos simulados (Parte VI).



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"Mientras tanto, tampoco le dirá nada acerca de la situación de los grupos al contrincante, pero sí podrá hacer comentarios al jefe adversario sobre las acciones ofensivas puesto que la idea es que ya que se harán las cosas, hay que hacerlas bien.

El árbitro debe ser cuidadoso en el lenguaje que emplea para no inducir ningún tipo de conclusión en los líderes de cada grupo, y para no hacerles creer cosas equivocadas respecto del otro bando. Es decir, cada jefe tiene su propia capacidad de análisis, y el árbitro no puede influir sobre la misma en base a sus palabras. Se debe asegurar la imparcialidad de forma directa e indirecta.

Por ejemplo, si el árbitro tiene noticias de que los dos equipos están desarrollando un elemento muy similar, de forma paralela, tratará de que cada equipo continúe con su desarrollo de manera tal que ambos ingenios, una vez terminada la competencia, se puedan combinar.

Esto requiere de una buena dosis de diplomacia, a fin de sugerir los cambios pertinentes a cada jefe de grupo sin que estos se den cuenta o puedan deducir qué es lo que está haciendo el otro, y tampoco puede dar a entender cosas que en realidad no existen ni puede suceder, pues podría llevar a un jefe de grupo a equivocarse a través de la sugestión.

También debe ser muy cuidadoso de no ser inducido por los propios participantes o integrantes de alguno de los grupos para hacer comentarios a partir de los cuales ellos podrían eventualmente extraer información, de modo análogo a lo que hacen algunos periodistas cuando tratan de obtener información de algún personaje."





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