P. Edronkin

Los malos líderes crónicos y agudos (XI).



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5)- La falta de grandeza: El concepto de grandeza no es simplemente un juguete retórico. Este término ha sido empleado a diestra y siniestra con fines demagógicos o amarillistas, pero es en realidad el verdadero fin último de cualquier líder auténtico, pues alcanzar la grandeza equivale lograr una dimensión histórica, y hasta casi diría épica.

Llegar a tener grandeza equivale a ser recordado como un ejemplo para terceros. Como alguien para emular por las incuestionables virtudes personales pese a los inmensos defectos que uno también pudiera tener.

La grandeza es algo a lo que no se puede llegar con simples aspiraciones. Muy por el contrario, es una cosa que cuanto más se busca menos se obtiene pues para alcanzarla, lo primero de lo que hay que desprenderse es de las excesivas ambiciones personales.

La grandeza no es una cualidad de todos los líderes. No es alcanzada por muchos buenos administradores, y puede ser lograda por personas que también han sembrado destrucción, quizás más por sus imperfecciones y desconocimiento que por intenciones auténticas, pero destrucción al fin.




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