Don Pablo Edronkin

Los malos líderes crónicos y agudos (XIII).



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Pero otros líderes, que en muchos casos pueden ser muy cuestionados, pueden equivocarse, o incluso encontrarse en el equipo de los 'malos', llegan a ser grandes: Napoleón Bonaparte es uno de ellos. Winston Churchill, los Reyes Católicos de España, Charles De Gaulle, Franklin D. Roosevelt, Domingo y Eva Perón, en la Argentina (y no soy Peronista) son otros ejemplos a veces considerados como polémicos, pero indudablemente poco comunes.

Estos personajes logran trascender el marco histórico de sus fronteras, y pese a las numerosas observaciones que se pueden hacer sobre ellos, sus indudables logros y las consecuencias de lo que ellos lograron los convierte en personajes casi de leyenda.

Por ejemplo, Napoleón Bonaparte, pese a haber destruido el continente Europeo, fue quien terminó con la sangría de la Revolución Francesa y puso sobre sus pies nuevamente a ese país, organizó su estado, creó escuelas e institutos d investigación que todavía hoy en día son apreciados y continúan aportando cosa a la humanidad.

Waterloo terminó en un día, pero lo que Napoleón creó todavía perdura.

El mal liderazgo crónico conduce a la lenta pero inexorable destrucción de una sociedad u organización. Como en este caso las consecuencias se manifiestan poco a poco, pueden ser dolorosas pero digeribles de alguna manera, pero el efecto acumulativo de las mismas es sin embargo, igualmente que si las consecuencias de todos los errores se sufrieran a la vez y de forma aguda.




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