P. Edronkin

Los malos líderes crónicos y agudos (XIV).



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Sin embargo, ya hemos visto que cuando se producen errores garrafales de forma aguda, los integrantes y las instituciones internas e una organización tienden a reaccionar porque los patentes resultados de las decisiones mal tomadas despiertan a todos.

Sufrir las consecuencias de un mal liderazgo crónico equivale a cocinarse a fuego lento: uno no se da cuenta del problema hasta que ya es demasiado tarde.

Esto puede conducir a diversas situaciones: en el caso de una organización cualquiera, generalmente lleva a la quiebra o disolución de la misma, pero hay algunas organizaciones o instituciones que no pueden disolverse en los hechos con gran facilidad. Las confesiones religiosas, las familias y los estados se incluyen dentro de esta categoría.

A las guerras civiles, por ejemplo, difícilmente se llega por el camino de la mala administración aguda. En toda confrontación de esta naturaleza hay siempre un gran componente de incompetencia de los líderes de la sociedad, ya sea para prever las consecuencias de sus errores o bien para evitar las consecuencias de los errores propios o de otros.

Al no poder quebrar o disolverse una organización como estas, de características particulares, sucede un fenómeno que equivale a energía que no puede escapar al exterior y se aniquila a sí misma con su polo opuesto.




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