Don Pablo Edronkin

El banquete de los dos mil años (VIII).



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Por ejemplo, antes de la primera guerra mundial, los países medían su poderío por el tamaño de sus flotas de guerra; es bien sabido como tanto Francia como Alemania pretendían quebrar la supremacía británica en este sentido, y Japón se convirtió en una potencia mundial en 1904, gracias a la victoria de Tsushima, es decir, obtuvo un sitial de consideración no por sus avances culturales, filosóficos, sociales, etc. sino que los demás países empezaron a tenerle en cuenta cuando logró imponerse en los términos de manejo de poder que se empleaban en ese entonces.

Los países realizaban conferencias para definir cuantos acorazados podían poseer, se realizaban chicanas ingenieriles como los buques de la clase 'Dreadnought' y cosas por el estilo, para empacar una mayor potencia de fuego en cascos de menor desplazamiento con el fin de no violar los tratados pero sí contar con más y más cañones.

Esto llevó, en definitiva, a que se produjese una conflagración bélica.

Tras la primera guerra mundial, el manejo de las cosas se hacía en base a ideologías. Todo se decidía en base a eso, e incluso los países que antes habían medido sus flotas, ahora adoptaban ideologías como sus propios faros de la costa.

Tantos llegaron a conocer tanto sobre sus verdades de la ingeniería social, que empezaron a purificar el mundo. Obviamente, esto también terminó mal.




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