P. Edronkin

Comentarios sobre el valor de la tecnología militar latinoamericana (XV).



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Hay que modificar la mentalidad que hemos desarrollado, sin abandonar los aspectos positivos del mercado, pero colocándolos donde corresponde, y pasar a prestarle atención a otros aspectos de la vida de las naciones que también son importantes, como la cultura, la ciencia, y también el desarrollo de la tecnología.

Diversos motivos, algunos de ellos justificados y otros como parte de una reacción contraria y a veces excesiva, han tornado a las fuerzas armadas, particularmente en Latinoamérica en menos populares que antes.

Sin ánimo de hacer apología de lo que algunos militares han hecho hace algunas décadas, debemos decir que un país no puede prescindir de su capacidad militar. Esta no debe ser excesiva debido a su gran costo, pero debe ser creíble, y ya resulta inconcebible que por rencillas internas reales pero que todos debemos superar alguna vez estemos hipotecando la libertad futura de negociación de nuestros propios países.

Una fuerza militar equilibrada en el mundo moderno es una inversión en poder geopolítico. No hay país que prescinda de sus fuerzas armadas salvo en algunos casos como Andorra o Panamá que cuentan con tratos especiales con otros estados, pero hay países que le prestan poca atención, y ello va en detrimento de sus propios intereses de largo plazo, pues los tratados internacionales que se firnam en diferentes condiciones según la suma del poder que se posea, determinan las relaciones entre estados y naciones por décadas y hasta siglos, aunque luego cambie el balance de poder.

Ello quiere decir que el desarrollo de la tecnología militar es algo de lo cual no se debe prescindir porque sencillamente las grandes potencias del mundo no lo hacen, y si un país menor, unilateralmente, decide apartarse de esta 'lenta carrera armamentista' estaría hipotecando su futuro, puesto que la brecha entre unos y otros se agrandará cada vez más y a estos países relativamente más débiles les resultará cada vez más complicado negociar.

Los estados pueden no estar en guerra en un momento dado, pero siempre estarán compitiendo.




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