Don Pablo Edronkin

Un debate sobre la legitimidad del derecho internacional y del Estado de Israel (V).



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Reitero que lo que hace falta para sustentar la supuesta existencia del Plan Andinia es un conjunto de comprobaciones independientes. Hasta ahora, en más de setenta años no ha surgido ninguna.

Respecto de los argumentos de 'dominación' planteados por el Sr. Martínez, no son atinentes a la cuestión del derecho internacional. Por ejemplo, hay países como China o Rusia que cuentan con derecho a veto en organismos como las Naciones Unidas que difícilmente podrían considerarse como 'dominados', y que se manejan en sus relaciones diplomáticas, comerciales, etc. de acuerdo a los cánones del derecho internacional clásico.

Por otra parte, este intento de refutar la legitimidad del derecho internacional como instrumento legítimo para la relación entre los pueblos se contradice con la supuesta observación de legitimidad que el Sr. Martínez ha hecho respecto del territorio israelí, lo cual se comprueba a continuación.

Según John Locke, el concepto de 'propiedad' moderno que poseemos, está ineluctablemente atado a la legalidad. Locke escribe que en su estado natural, el hombre posee bienes en la medida que los necesita, mientras que en estado social, la propiedad se convierte en parte de su identidad, es un derecho y se extiende no ya a sus necesidades inmediatas sino a lo que pueda lícitamente obtener.

Este es el marco dentro del que indefectiblemente debe discurrir la discusión sobre la legitimidad de la propiedad o soberanía puesto que no hay ninguna teoría más reciente que refute los conceptos de Locke.

Es decir, en el estado natural los hombres solamente poseen lo que pueden cargar a cuestas, lo mínimo e imprescindible para sobrevivir. Si alguien, en tal estado, intenta obtener más, debe hacerlo por la fuerza, pues no hay derecho escrito o establecido para hacerlo, y mantener tales bienes en su poder también sobre la base de la fuerza.

Esto crea 'de facto' una situación 'de derecho', aunque sea despótico, pues establece un conjunto de reglas de juego, bastante primitivas, por cierto, pero reglas al fin.

Las sociedades, los pueblos, naciones y estados e forman precisamente para evitar este tipo e anarquía, y el derecho, es decir, la creación de algún tipo de ley, se torna imprescindible para evitar que la fuerza sea el único medio empleado para dirimir las disputas, pues por definición es la fuerza la que se emplea en un estado de anarquía y las sociedades son su antítesis.




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