P. Edronkin

La irracionalidad del Sr. De Souza (I).



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Han pasado ya días y días desde que invité al Sr. De Souza a debatir sus puntos de vista, pero no he recibido respuesta alguna.

En consecuencia, creo que se hace necesario tomar el ejemplo de su actitud como algo que no hay que hacer, particularmente en el caso de las discusiones referidas al liderazgo, y comentar un poco dicho accionar, pues es algo que puede observarse de forma reiterada en todo tipo de organizaciones y resulta ser contraproducente en todo sentido.

En su mensaje original, el Sr. De Souza no se expresa de manera clara, y no me refiero al hecho de que a todas luces su idioma natal es el Portugués, sino a que sus conceptos son poco claros y la velada ironía literaria que pretende insertar carece - a causa de ello - de la suficiente sutileza como para ser considerada como elegante.

Sus palabras, más que expresar una opinión, parecen destinadas a ofender, por lo que cabe preguntarse ¿Por qué una persona necesitaría recurrir a comparaciones tan desafortunadas como las que hace?

Es más: sus palabras, por la forma en la que están expresadas y por la técnica retórica empleada me recuerdan bastante a un grupo de personas que me intentaron probar la existencia de una conspiración sionista para apoderarse de la Patagonia, y con quienes debatí hace un tiempo (ver a03081.shtml). No puedo afirmar que el Sr. De Souza sea de tal extracción, pero su lenguaje y su falta de interés en debatir, luego de generar lo que se podría denominar como un ataque verbal indirecto, dan bastante para pensar.

En fin, argumentos irracionales de gente irracional...

Creo que los argumentos del Sr. De Souza constituyen un perfecto ejemplo de lo que es un debate sin objetivos, puesto que toda crítica debe ser constructiva, pero el mentado autor lo único que intenta hacer es descalificar haciendo analogías que son, por un lado lógicamente falsas, y por el otro no aportan ninguna propuesta, puesto que hablar de objetivos, fines o necesidades absolutamente vagas no es nada más que una técnica de dilatación argumental.

Es en definitiva, una actitud destructiva, basada más en cuestiones de clara subjetividad y pertenecientes a la mente del Sr. De Souza que a argumentos sustentables.

Al fin y al cabo, quien tiene la razón no necesita recurrir a semejantes artificios para expresarse.




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