Don Pablo Edronkin

La falacia de las crisis eternas (XII).



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No cabe ninguna duda de que los agresores fueron, en 1939, los alemanes, pero ello dio pié a que una dictadura al menos tan cruel como la de los germanos, como fue la de los soviéticos de Stalin, no solamente sobreviviera sino que esta última logró apoderarse de países que como Polonia, la República Checa, Eslovaquia, etc. fueron las víctimas iniciales de Hitler.

Irónicamente, Francia e Inglaterra entraron en guerra específicamente para defender a Polonia, y como consecuencia el conflicto se expandió de una manera insospechada, y todo para ver al final que el país que se intentaba defender, solamente cambió una tiranía por otra.

Desde este punto de vista, todo este conflicto que le costó la vida a tanta gente no sirvió absolutamente para nada, pues si se afirmaba que el combate sería para defender la libertad, solamente sirvió para que la opresión llegara aún más lejos.

Otro ejemplo de esta lamentable mecánica lo podemos apreciar en las recurrentes crisis económicas en países como la Argentina constituyen un ejemplo de esto: estas crisis no son causadas por desastres naturales o fatalidades del destino, sino por causa de una serie de decisiones evidentemente malas tomadas a lo largo del tiempo.

Sin embargo, como resulta muy difícil admitir los errores propios, y cuando no se puede decir que la culpa es del otro simplemente porque no se puede discernir concretamente lo que es verdad y lo que no, la mente humana siempre tiene un último refugio, y en este le arrojamos la responsabilidad a la providencia. Es entonces cuando entramos en la eterna emergencia.




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