P. Edronkin

La falacia de los intereses ocultos (IV).



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2)- No hay razón alguna para asumir que porque alguien tiene una opinión contraria a lo que queremos escuchar, necesariamente debería estar a sueldo de terceros. De hecho, tal suposición resultaría un tanto paranoica.

3)- La verdad o falsedad de una idea, y la validez o invalidez de un razonamiento no quedan determinadas por el hecho de cuales sean las motivaciones de quien emite tales juicios. Incluso el hecho de que una persona estuviera siendo pagada para hablar (no es mi caso) no significa necesariamente que esté equivocada o tenga la razón. Una cosa es la motivación que se tiene para hablar y la otra es lo que se dice.

4)- En las sociedades modernas de hecho, se paga muchas veces para que otros hablen por nosotros porque se considera que están mejor preparados para hacerlo: los políticos que viven a sueldo del estado, los abogados contratados por personas que buscan defenderse y los publicistas que promocionan los productos de las empresas constituyen algunos ejemplos en este sentido. Que tal cosa se mantenga en reserva o no puede deberse a variados motivos, y no necesariamente a la ilegitimidad de los motivos o propósitos en sí.

Es decir, en primer lugar, acusar a alguien de responder a intereses de terceros sobre la base de que simplemente está diciendo simplemente una opinión distinta constituye una falacia lógica no formal en sí misma pero relacionada estrechamente con las falacias 'Ad verecundiam' y el caso especial 'Ad hominem'.




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