P. Edronkin

Supervivencia Aeronáutica: ¿Existen las brujas después de todo?



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El primer día que volé solo un avión de verdad mi instructor no me dijo nada; simplemente se bajó del avión en la cabecera de la pista y me dijo que saliera a dar una vuelta.

Más sorprendido que otra cosa, le dí potencia al motor, el avión aceleró y poco después me encotraba en el aire; cuando alcancé los 550 pies y me encontraba a punto de virar en el circuito del aeropuerto, un Beechcraft Bonanza pasó por el norte, a unos mil metros por delante de mí.

Ese día híce un par de circuitos normales, lo que para un lego significa esencialmente despegar, virar lentamente y en ascenso en ciento ochenta grados, volar paralelo a la pista a mil pies de altitud, virar nuevamente - esta vez en descenso - y aterrizar.

Durante mi primer aterrizaje observé que había unas piedras en la pista; el día anterior parece que la habían empleado para correr carreras de autos, y se habían olvidad un par de piedras del tamaño de ladrillos.

Yo fui el primero en utilizarla a la mañana siguiente, y me encontré con semejante obsequio; para que el lector tenga una idea de lo que esto signifca, basta recordar que hace unos años un Concorde de Air France se incendió y estrelló tras despegar porque uno de sus motores tragó un objeto perdido en la pista.

Sencillamente volé por encima de ellas antes de tocar pista, evitando de esa manera que el avión las tocara de alguna forma; tuve suerte de verlas.

Sin detener el avión, le dí potencia nuevamente y una vez que había acelerado casi hasta la velocidad de rotación, siguiendo celosamente las rayas del centro de la pista, dos perros aparecieron por delante.

No les pasé por encima porque al tener treinta metros de ancho la pista de despegue, pude dar un pequeño gope de timón y alejarme hacia la izquierda, despegando casi sobre el borde.

Al completar este segundo circuito el viento había rotado, y en vez de tener unos tres o cuatro nudos de frente, ahora los tenía de cola. El resultado fue un aterizaje largo, que me llevó casi la mitad de la pista por evitar cualquier otra piedra que pudiera haber, por descender con mayor velocidad, y porque antes de romper el planeo para tocar con las ruedas principales tuve que asegurarme de que no hubiera perros.

Por otra parte, el avión - gracias al viento de cola - no tenía muchos deseos de frenar, aunque finalmente lo hizo.

Después me dijo mi instructor que el avión que había pasado por delante de mí pertenecía al ex presidente de la Argentina, Carlos Ménem; el Bonanza, sin embargo, poseía una matrícula uruguaya. Uruguay es un paraíso fiscal y el ex presidente argentino no posee oficialmente casi nada en la Argentina; hay que recordar que su hijo se accidentó fatalmente en un helicóptero de su propiedad pero que tampoco poseía una matrícula argentina, que se le ha demostrado la tenencia de cuentas bancarias en Suiza, y que esta es una de las razones por las que se lo acusa de corrupto.

No sé y no puedo afirmar con toda certeza si el avión en cuestión pertenecía a este personaje, pero para quienes saben, un Bonanza es uno de los más caros que es posible comprar dentro de la categoría a la que pertence.

Y por si esto fuera poco, en mi siguiente vuelo tuve que experimentar otra cosa: al acelerar para despegar, el tacómetro del avión que estoy volando debe alcanzar las 2.200 RPM. Ya me encontraba unos treinta metros en el aire, encima de la pista, cuando este instrumento empezó a marcar cada vez menos. A las 2.000 RPM aborté el despegue y gracias a que me quedaba pista, aterricé directamente allí.

Pero como si esto fuera poco, estoy escribiendo este mensaje al lado de mi simulador de vuelo, donde también acaba de fallar el motor - simulado, por cierto - del avión que estaba por volar simuladamente ahora mismo.

La probabilidad de sufrir un problema en el motor de un avión es ínfima; conozco pilotos con miles de horas de vuelo a los cuales nunca les sucedió una cosa semejante y mucho menos en un despegue, cosa que junto con un incendio abordo se considera como la más terrible emergencia que puede ocurrir.

Si usted tiene miedo a volar, imagine lo que es tener que hacer que el avión 'pique' a poca altura, bajando la naríz de forma abrupta para que descienda inmediatamente, para luego tratar de enderezarlo y que el contacto con la tierra sea un aterrizaje en vez de un impacto.

Todo argentino sabe que el ex presidente es considerado como un 'Jetattore', es decir, un tipo que trae mala suerte; creo que mi encuentro cercano del tercer tipo con este señor lo confirma. No creo en las brujas, pero que las hay, las hay.




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