P. Edronkin

Advertencias sobre el modelo social escandinavo



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La idea de un estado benefactor como el que existe desde hace algunas décadas en los países escandinavos, en mayor o menor grado, indudablemente posee su atractivo y los resultados están a la vista: el estándar de vida en Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia es muy elevado. Algunos de estos países, como en el caso de Noruega, sobrepasan, al menos en los papeles, a algunas de las mayores naciones del mundo.

Sin embargo, habiendo recorrido la región, habiendo vivido en Escandinavia, con escandinavos y habiendo visto cómo es esta supuesta panacea, creo necesario hacer un par de advertencias sobre el tema.

Por supuesto que hay muchas cosas que podemos imitar del ejemplo escandinavo, pero además de tener en cuenta las salvedades culturales que en muchos casos pueden ser muy importantes, tenemos que considerar que no todo es ideal allí, y que cualquier intento de imitarles debe acompañarse necesariamente de una crítica con el objeto de mejorar sus defectos, sin restarles mérito por lo que han hecho.

El tan mentado modelo escandinavo es el que produce el mayor bienestar para la generalidad de la población; contra lo que debemos cuidarnos si de alguna manera decidimos aplicarlo en las sociedades latinoamericanas es el desapego y la falta de socialización a nivel de pequeños grupos y familias que se observa en esos países.

Dicho de otra manera, la vida familiar y el desarrollo de las amistades en aquella región del mundo deja mucho que desear y presenta actitudes que para nuestro estándar cultural - y no me refiero a las interpretaciones del liberalismo sexual - constituyen hasta delitos.

La gente de Escandinavia vive mejor, pero se ha tornado envidiosa, chismosa, metiche y algo desleal con sus vecinos, amigos y familiares; el promedio de la gente vive muy bien, pero si una persona tiene la osadía de ser diferente a la norma, le resultará bastante difícil convivir.

Los escandinavos se tratan muy mal entre ellos y han sido educados con un desapego o hasta falta de consideración hacia los demás que no parece coincidir con su cultura social y política. No lo digo con ánimo de detractar, sino de advertir para corregir en caso de que se intente imitar a estos países.

Sus líderes, con ánimo de construir un mundo mejor, lo han logrado en gran medida, pero el gran defecto del sistema que han construidos es la relación interpersonal que, francamente, es bastante rudimentaria y cruel.

Esto lo he observado en muchas ocasiones, durante mis viajes a la región, y creo necesario que tener en cuenta este punto para no cometer el error de imitar ciegamente todo lo que se nos presenta.




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