Don Pablo Edronkin

La deuda externa colombiana prueba la responsabilidad y complicidad de los organismos internacionales en el empobrecimiento de los países.



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Desde ya hace bastante tiempo que existe en el mundo un debate entre quienes dicen que las crisis de deuda de muchos países son causadas enteramente por los propios errores de sus gobiernos y quienes afirman que exclusivamente ello se debe a las acciones y decisiones de organismos internacionales y algunas naciones poderosas.

También existe una posición intermedia, que es la que yo sostengo: los gobiernos cometen errores y esos organismos y otras naciones se aprovechan de ello.

Esto no pasaría de ser una teoría conspirativa como tantas otras, de nos ser que por medio de la aplicación de un estricto método científico, es posible comprobar que este tipo de influencias existen.

Las pruebas de lo que afirmo pueden ser constatadas siguiendo los enlaces que hay en este texto, y contrastadas de manera independiente recurriendo a las fuentes o por investigación del propio lector.

También es indudable que los gobiernos de esos países maltrechos son quienes deben responder en primera instancia por una sencilla razón: son los gobernantes y por ende los responsables, tanto de las decisiones que se toman como así también de los errores que se cometen y las concesiones que se hacen.

Un líder siempre es responsable de lo que sucede con su organización, lo cual no quiere decir que sea el único culpable de las cosas malas que sucedan; por eso es una falacia contentarse con creer en argumentos como los propuestos por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional que arguyen que los desastres económicos de países con gran influencia desde su exterior son pura y exclusiva responsabilidad de sus gobernantes.

Quien comete un delito es indudablemente culpable materialmente, pero desde hace décadas, sino siglos, existen conceptos como el de la autoría intelectual, complicidad, asociación ilícita y participación necesaria que francamente son aplicables en muchos casos a estos organismos que supuestamente existen en el mundo para evitar problemas pero que con el tiempo se han constituido en puros instrumentos de poder.

Precisamente, esos organismos que toman parte activa y no simplemente en un papel de observación en esos procesos y programas de crédito pretenden deslindar su responsabilidad que como partícipes, tienen. Este es un punto de características morales y hasta legales que no puede ser disociado de la discusión de los endeudamientos nacionales porque de lo contrario implicaría asumir que la impunidad es posible.

Nunca hay que pensar que la culpa de lo que nos sucede es de otro: es culpa nuestra aunque sea por permitir que otros nos perjudiquen, y eso muchas veces sucede a causa de la falta de atención que en muchas sociedades se le presta a la educación de sus ciudadanos y gobernantes; pero esto no es lo mismo que decir que los demás no puedan influir o que no tengan una cuota de responsabilidad, o que podamos dar fe de su bondad.

Resulta ingenuo creer que aunque sea quien otorga el aval de un crédito aún cuando no entregue el dinero directamente - caso aplicable al FMI en muchos casos - no tenga algo que decir y no se reserve cláusulas para influir en la manera en que los deudores vana utilizar el dinero.

Tenemos a personajes de la talla de Stiglitz, Premio Nobel de Economía, Vito Tanzi y hasta al Papa Juan Pablo II que han descrito a estos programas de crédito en términos que destacan su usura e inmoralidad. Como mencioné, es sencillo constatarlo.

Puede ser que alguna vez alguien les tome le pelo y se equivoquen, pero incluso en el mejor de los escenarios, tenemos a una clase de organismos que constantemente actúan para ´observar´ o ´aconsejar´ y cuyas medicinas terminan siendo peores que la realidad: basta observar la cantidad de países como México, la Argentina, Brasil, Indonesia, Rusia y otros que recibieron semejantes consejos y cómo les salieron las cosas.

Y como si esto fuera poco, basta ver cómo es que después de mandar a paseo al FMI y hacer exactamente lo contrario a lo que decían esos pretendidos sabios, a la Argentina le fué mucho mejor.

Más aún en un mundo globalizado como el de hoy en día: si se globalizan los beneficios, las economías y hasta el poder, entonces resulta imprescindible que se considere que la responsabilidad también se debe globalizar porque no hay poder ni derecho al beneficio que sean legítimos si los castigos no se aplican de manera acorde con los beneficios que se obtienen de dicho proceso; esto debe ser tratado por separado pues es un tema importante, pero vale la pena mencionarlo.

Una prueba más de que todo esto sucede lo constituyen los resultados ´positivos´ en cuanto al crecimiento del mercado de títulos de deuda colombianos en los primeros meses de 2004: según el informativo ´Economía y Finanzas´ transmitido por la CNN en Español el día 19 de Mayo de 2004, se ha reportado recientemente que la actividad en dicho sector se ha expandido algo así como un 84,5% en estos meses.

El lector no tiene más que remitirse a la CNN o a las cifras de cualquier entidad de análisis financiero para constatarlo.

Esto, que en el caso de muchas actividades podría verse como una cuestión positiva, es en este caso el síntoma de que a nuestros amigos de Colombia les está aumentando de forma exponencial su deuda externa. Ese crecimiento de más del ochenta por ciento solamente significa que el gobierno colombiano ha estado repartiendo bonos y pagarés a diestra y siniestra.

Un país con sus problemas, conmocionado por el narcotráfico y la guerra civil está emprendiendo nada más ni nada menos que el mismo camino que hace ya algunos años tomaron la Argentina y Brasil; los resultados pueden ser potencialmente mucho más catastróficos para el ciudadano de Colombia.

Es indudablemente cierto que hay una responsabilidad del gobierno de Colombia en esto, pero también resulta evidente la mala fe que prima en todo el mercado financiero que acepta esos papeles porque sencillamente pagan un interés mayor, y pagan dicho interés porque los ´expertos´ saben que la situación de Colombia dista de ser la ideal y es un país riesgoso.

La esencia de este negocio es precisamente, jugar con la deuda de un país que ya sea por sus errores o por el desmadre que sea, resulta más riesgoso que el promedio; difícilmente alguien pretenda manipular la deuda externa de Suecia y aquí se puede observar la primera intención de lucrar con el problema ajeno; ya desde el principio de estas operaciones aparecen cuestionamientos éticos y morales.

Y tanto mayor va a ser la atracción cuanto menos curables sean los problemas de cada uno de estos países, porque de esa manera se puede obtener una renta mayor por más tiempo. Es decir, existe una contradicción entre el bienestar de los pueblos y las necesidades de un mercado financiero globalizado.

En otras palabras, resulta lógico concluir que al mercado financiero internacional le conviene en general que existan países con problemas.

Para que dicho endeudamiento fuera pagadero de forma real, la economía productiva colombiana tendría que haber crecido lo mismo o más en el mismo período; de lo contrario, para que tal cosa se pudiera pagar habría que echar mano al estándar de vida de la población o bien legalizar el narcotráfico, pero ¿alguien puede ver a los narco zares pagando patrióticamente impuestos?

Eso lo saben tanto los vendedores gubernamentales de bonos colombianos, como los compradores institucionales internacionales, incluyendo a los organismos - supuestamente - veedores.

Si en estas condiciones, y pudiendo ver claramente lo que sucedió en la Argentina después del año 2001 continúan participando en semejantes operaciones financieras, ya no es que se trata solamente de desconocimiento de las equivocaciones de los gobiernos locales.

El hecho de que alguien compra semejantes bonos de un país que evidentemente no va a poder pagar a la larga esos papeles porque nadie, absolutamente nadie puede hacer crecer una riqueza real de respaldo en un 84,5% en un par de meses y para pagar finalmente esos bonos, significa que los mercados financieros y sus actores no son comerciantes honestos y de buena fe, sino cómplices de maniobras contables destinadas a proporcionar un retorno rápido a expensas de los ciudadanos de toda clase de países.

Todos estos organismos y entidades financieras están participando de forma expresa o implícita en algo así como un esquema Ponzi mundial sabiendo que quien se va a quedar con las cuentas para pagar es en definitiva, el ciudadano común.

¿Qué diferencia hay entre matar a un niño de diez años con una mina antipersonal en un país del inframundo, o hacer que poco a poco muera por desnutrición gracias a que sus padres no trabajan por la devastación de la economía de su país?

No digo que se trate de una conspiración global, pero sí que la forma en la que la responsabilidad se distribuye mundialmente versus los beneficios es un factor que contribuye a la aparición de nueveas arbitrariedades, cuando menos y debería ser tarea de los gobiernos defender a sus ciudadanos de semejante piratería en trajes a la moda, en vez de participar de este saqueo.

Ya no creo que se pueda hablar de inocencia, sino del liso y llano intento de explotación de la desgracia y los errores ajenos.

Y lo que es peor, los gobiernos de países democraticos que se supone que deben defender los intereses de sus países se están prestando gustosamente a este juego, lo cual es un indicio claro de que el sistema democrático está enfermo y necesita de cuando menos una seria y produnda revisión.

Esto es mucho más grave de lo que aparenta, pues actos como el hecho de enviar tropas a Irak en países como España, pese al rechazo de algo así como el noventa por ciento de la población, demuestran que es perfectamente factible tomar medidas arbitrarias incluso en el más democrático de los países, y de continuar semejante tendencia, estos países podrían degenerar hasta que lo único que quede del espíritu democrático sea solamente un cascarón de formalidad.

Comprar algo que a sabiendas es una estafa o un robo es convertir al comprador en cómplice, así que el caso colombiano prueba de manera irrefutable la colución existente entre muchos gobiernos, instituciones financieras y organismos internacionales, si no es por acuerdo directo, sí por predisposición y tendencia.

Las corporaciones presentan actualmente una hipótesis de conflicto de una peligrosidad tan grande como la que tiene un potente ejército enemigo, los organismos internacionales como el FMI están pervertidos en sus fines y funciones, y los gobiernos no responden a su gente.

En este sentido y viendo el asunto desde una perspectiva de la filosofía política, hasta la corporación económica en manos del estado resulta menos perjudicial que la que es privada, anónima y de grandes dimensiones pues en el primer caso, el poder continúa en manos del estado, mientras que en el segundo, se diluye.

Y esto no es un tema menor, pues del poder del estado deriva la justicia y la seguridad para los ciudadanos de una nación. Esto quiere decir que entre los dos males y llevando ambas cosas a un extremo, el monopolio del estado es preferible al privado porque a lo largo de la historia de los pueblos siempre ha sido mejor el tirano propio que el impuesto desde afuera.

Este problema no se limita a los países ´bananeros´; de hecho, en naciones como España, Italia, Gran Bretaña y otras, sus gobiernos han intervenido en un asunto tan serio como la guerra en Irak en contra de los deseos de sus propios habitantes, y esto demuestra una tendencia alarmante: las democracias se están debilitando víctimas de la obsesión con el dinero, lo cual hace que los gobiernos cedan poder a organizaciones privadas que luego hacen lo que quieren e incluso pueden manejarles.

Ya no se puede dudar de que el orden mundial enfrenta una amenaza muy seria que proviene no del terrorismo, sino de la perversión de la propiedad privada, y creo que como dije en otras ocasiones, es necesario empezar a desempolvar los libros de la doctrina comunista, quizás no para recrear imperios soviéticos sino para que exista alguna clase de oposición que mantenga a raya a esta nueva estirpe de codiciosos.

En este sentido, así como el FMI pretendió utilizar como experimento a Latinoamérica, creo que es históricamente justo que sea el sitio donde aparezca esa oposición: debemos reconocerle a Fidel Castro y a Cuba un papel histórico en este sentido pese a los muchos defectos que pudiéramos señalarles. El FMI en su incompetencia - por no decir malevolencia - ha creado la necesidad de construir una especie de neocomunismo que defina algunos límites para esta voracidad corporativa que de otro modo nos puede conducir a otra edad oscura.

Es hora de hacer algo al respecto, y como dije, propongo desempolvar algunas ideas que algunos considerarán perimidas, pero que han probado en el pasado servir para poner límites a la avaricia desmedida de algunos grupos y porque también, como a las ideas no se las mata y siempre se las puede hacer evolucionar, ya es hora de rescatar algunas cosas buenas que también han aportado el comunismo y el socialismo.

Ciudadano: estudie y aprenda, préstele más atención a la educación. Estos auténticos tahúres con doctorados sensacionalistas a cuestas necesitan al sistema democrático escudándose en la libre empresa para poder parasitar; con buenos argumentos, con demostraciones convincentes y con una dialéctica adecuada es posible hacer tomar conciencia a los votantes para que tengan más cuidado en las urnas y voten a algo distinto. Ellos pueden ofrecer vidrios de colores para tentar a sus víctimas, pero nada más, y son la sabiduría, la educación y el conocimiento las mejores armas para defenderse de los engaños.

La promoción de la educación en Latinoamérica no es solamente una herramienta para ascender en la escala social o un medio para mejorar la productividad de las economías, sino una cuestión de estado por razones de supervivencia.

Los colombianos harían bien en recordar cómo el FMI se equivocó con la Argentina para entender por qué clase de camino van ahora pese a una pequeña prosperidad aparente que no dejará de ser momentánea y fruto del efecto analgésico del dinero fresco que después no se podrá devolver, y los argentinos no deben olvidar nunca de qué manera los propios errores, los malos gobiernos y también la injerencia de los pretendidos mercados financieros les han arruinado las vidas porque si algún papel tiene en la historia este país, alguna razón para haberse independizado y existir es que debe convertirse ahora en la tumba de lo que representa el FMI, presentando y promoviendo de manera agresiva una forma distinta de hacer las cosas y primero que nada hacia los demás países de Latinoamérica por historia, intereses comunes, tradiciones y también gratitud por no darle la espalda en uno de sus peores momentos.

Y a los que de afuera de la región se opongan a esto hay que considerarlos lisa y llanamente como enemigos, porque es lo que han demostrado ser. Peor por supuesto, no hay que olvidar que la región tiene sus defectos, y que no faltan los vendedores de humo e incompetentes que tratan de lucrar con el descontento de la gente. Lamentablemente el caudillismo oportunista que puede tomar ventaja de situaciones negativas para las naciones resulta demasiado atractivo para mucha gente pero dado que los líderes de tal naturaleza no pueden producir resultados satisfactorios, recurren a la mentira, al autoritarismo y a la retórica para tratar de justificarse pero a la larga, simplemente conducen al fracaso.




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