P. Edronkin

Saber hallar las oportunidades (III)



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Han podido sobreponerse a la mala calidad, a los errores de diseño y a las quejas de quienes les acusan de actitudes monopólicas. En troas palabras, han sabido maniobrar mejor de lo que diseñan lo que venden.

Y como ejemplo adicional de cómo es posible hallar oportunidades donde otros creen que no las hay, quiero comentarle a mis lectores una experiencia personal: como mencioné, desde hace ya varios años yo estoy dedicado a estudiar el mito del Plan Andinia. Adelanto que no creo en la existencia de esta supuesta conspiración, y que mi objeto es exponer el asunto para traer algo de racionalidad al mismo.

El Plan Andinia es - según sus creyentes - un plan o confabulación del sionismo internacional para apoderarse de la Patagonia.

Este mito o creencia nos acompaña desde fines del siglo XIX, pero nadie ha presentado jamás ninguna prueba concreta que pudiera ser constatada científicamente.

Sin embargo, el mito se ha arraigado en el terreno de las creencias ideológicas y su desarrollo acompaña históricamente al crecimiento del fascismo y el nazismo; por su naturaleza, atrae principalmente a ciudadanos argentinos y chilenos de extracción derechistas, y entre ellos hay todo tipo de personas, incluyendo extremistas.

No todos los que creen en la existencia de esta conspiración son nazis o fascistas, pero cuando menos se puede decir que la persistencia de esta creencia es funcional a ciertos objetivos del neonazismo, del revisionismo del holocausto y a otras manifestaciones ideológicas similares, pues permite - pese a la evidencia fáctica en contrario - promover entre cierta gente las ideas racistas, de desigualdad entre las etnias y el odio racial.

Y cuando menos, se puede acusar a quienes creen en esta hipótesis sin ser necesariamente antisemitas o racistas, de hablar imprudentemente del asunto, pues deberían entender que al no presentar pruebas - si realmente creen que las tienen - y al no exponer sus ideas de forma seria y responsable, están ayudando a acrecentar el caudal de adeptos de grupos sectarios.

Ya hace un tiempo organicé un debate abierto, en el que invito a las personas que creen en esto a presentar sus argumentos, pruebas y puntos de vista con el objeto de comprobar la existencia de dicha confabulación - y reitero que yo no creo en ella - o bien, una vez expuestas las debilidades de dichos argumentos, reconocer que el Plan Andinia no existe.

He tomado a este asunto como una cruzada personal para poder mostrar cómo es que nuestras sociedades latinoamericanas, cuando se guían por cuestiones meramente ideológicas, son capaces de equivocar totalmente el diagnóstico.

Durante años he estado abierto a la recepción de pruebas, pero nadie las ha podido presentar. Todo lo que recibí han sido argumentos ideológicos, a veces risibles y otras persuasivos, pero lógica y metodológicamente falsos, sin contrastaciones independientes e incompletos, con grandes falencias q8e van desde la ortografía hasta lo epistemológico.

El hecho es que con la creencia en el Plan Andinia se pretende explicar una buena cantidad de hechos que nos acontencen, tales como problemas administrativos, corrupción política, deuda externa, criminalidad, etc. Es decir, según los creyentes en esta hipótesis, casi todos los males que nos aquejan son fruto de las acciones subversivas del sionismo internacional y en términos más generales, del pueblo judío.

Solamente he conocido a dos personas que creen en esta hipótesis y que sin embargo me han dicho claramente que ellos establecen - al menos - una diferencia entre el movimiento sionista y el publo judío, por lo que la inmensa mayoría de los creyentes pueden y deben ser tildados de meramente racistas, salvo algunas honradas excepciones con quienes discrepo, pero amablemente.

Más allá de los ribetes antisemitas de esta creeencia, y si bien se puede pretender explicar hechos de forma mágica y casi animista como pretenden quienes suscriben a tal hipótesis, también existen muchas otras explicaciones posibles para todo esto, y una de ellas es el mal liderazgo originado sobre una serie de profundas fallas culturales presentes en Latinoamérica, y que hacen que no necesariamente sean los mejores los que lleguen a los puestos de poder político.

Nadie ha podido presentar pruebas concretas y contrastables seriamente en cerca de cien años desde que se empezó a popularizar la noción de dicha conspiración, mientras que al mismo tiempo existen muchas explicaciones posibles y perfectamente comprobables que pretenden explicar los problemas de la región.

Tales explicaciones son muchas veces más simples y menos enrevesadas que la teoría conspirativa sobre el Plan Andinia, y por pura racionalidad solamente cabe concluir que aún si la teoría conspirativa explicara los hechos como corresponde, las otras explicaciones probables, más simples y contrastables científicamente serían las correctas.

Pero existe un problema de educación, de cultura e idoelógico en todo esto, y por ello es que la teoría conspirativa en cuestión ha subsistido hasta nuestros días.




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