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Empezó a desplazarse cuesta arriba, por un sendero bien marcado que se abría paso entre las dos montañas, las que formaban las paredes rocosas que lo escoltaban por ambos lados. Había despertado en un valle cubierto de vegetación por todas partes, en el que sólo se distinguía ese sendero, como si estuviese marcado, como el único camino a seguir si quería uno dirigirse hacia alguna parte fuera de ese pozo cavado entre imponentes picos que coronaban las laderas escarpadas vigilantes desde las alturas. Su sensación de miedo e inferioridad se hacía a cada momento más intensa.

Desde que había despertado un casi total e irremediable escepticismo lo embargaba. Todo le parecía dudable y terriblemente extraño. Lo que más lo angustiaba era que desconfiaba, a la luz de la comparación con sus experiencias recientes, hasta de todos sus recuerdos.

Se mantenía caminando por la misma razón (si es que cabe el término) por la que su desesperación no llegaba a ser total. Se agarraba fuertemente de la única certidumbre que lo guiaba, como si fuera el más dócil de los caballos que, aunque no percibía nada a través de sus sentidos, estaba seguro de ser arrastrado de las riendas por su amo de toda la vida.
Afianzándose a esta, la única excepción al vació que lo oprimía, que se retroalimentaba con sus ansias de confirmación exterior, de verificación de sus conjeturas, de una evaluación "objetiva" de sus pensamientos y sus preguntas más íntimas que no lo dejaban en paz, seguía por el camino. Por esa única excepción a su creciente desesperación, porque querían respuestas a infinitas preguntas que lo acosaban.

Por cierto que dudaba de todo, pero no se detenía, pues dudaba también de si tuviera sentido alguno hacer tal cosa; y además un impulso, externo quizás, lo arrastraba a seguir, lo inclinaba por esa elección.

El camino, siempre llano y sin ningún obstáculo, desembocó, luego de varias horas de marcha, numerosas subidas y todavía más numerosas bajadas; en un bosque no demasiado frondoso que se asentaba en una superficie nivelada y de aparente menor altura que la anterior. Su deseo de saciar su curiosidad, su hambre casi insoportable de pregunta seguían impulsándolo incansablemente hacia un objetivo inseguro que no alcanzaba siquiera a imaginar, pero que sabía que debía estar adelante. En alguna parte del horizonte lo esperaban las respuestas.

La Patagonia.




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