Sepa Ud. si sabe algo sobre filosofía (III).



Los más populares

Equipo para la Aventura

Supervivencia

Deportes Extremos y Tradicionales

Viajes y turismo

Fotografía y Video

Cursos

Ecología y Jardinería

Subastas

Vehículos

¿Buscando Empleo?

Energía verde

B). Parménides era, como dije en la respuesta A, un filósofo presocrático que vivió en la ciudad de Elea, colonia griega del sur de Italia, en el siglo V a.c; nació, se supone, entre el 515 y el 510 a.c. Escribió, entre el 490 y el 475 un poema en hexámetros, conocido como De la Naturaleza, del cual sólo se concerva del proemio alrededor, quizás, de los nueve décimos de la primera parte; y muy poco de la última. Por este poema es considerado Parménides uno de los autores más importantes de la filosofía antigua, ya por los mismos antiguos que lo sucedieron y que le dieron mucha importancia en la creación de sus propias filosofías teniéndolo como un referente ineludible.

Hay casi infinitas interpretaciones sobre el mismo, por lo tanto iremos a los fragmentos que se conservan, a las fuentes: 

Sexto Empírico, Contra los científicos, VII 111 (vv. 1-30) y Simplicio, Del cielo, 557,35 (vv. 28-32)

B1
El proemio

1. Las yeguas que (me) llevan lejos cuanto (mi) ánimo podría alcanzar,
2. (me) iban conduciendo luego de haberme guiado y puesto sobre el camino abundante en palabras
3. de la divinidad, que por todas las ciudades (?) lleva al hombre vidente.
4. Por él era llevado. Por él, en efecto, me llevaban las muy atentas yeguas
5. tirando del carro. Unas doncellas empero iban mostrando el camino.
6. El eje en los cubos emitía un sonido silbante
7. al ponerse incandescente -pues lo aceleraba un par de bien torneadas
8. ruedas, una por cada lado- cuando apresuraban la conducción
9. las doncellas Helíades que antes habían abandonado las mansiones de la Noche
10. hacia la luz y se habían quitado de la cabeza los velos con sus manos,
11. Allí están las puertas de las sendas de la Noche y el Día
12. enmarcadas por un dintel y un umbral de piedra.
13. Estas, etéreas, se cierran con enormes hojas
14. de las cuales la Justicia, pródiga en castigos, posee las llaves de usos alternos.
15. A ella la aplacaron las doncellas con dulces palabras
16. persuadiéndola hábilmente de que para ellas el cerrojo asegurado
17. quitara pronto de las puertas. Estas, al abrirse,
18. produjeron un insondable hueco entre las hojas,
19. cuando giraron en sus goznes uno tras otro los ejes guarnecidos de bronce
20. y provistos de bisagras y pernos. Por allí, a través de ellas,
21. derechamente las doncellas condujeron por el ancho camino el carro y las yeguas.
22. La diosa me acogió con afecto y tomando mi diestra en la suya
23. se dirigió a mí y me habló de esta manera:
24. "Oh, joven, compañero de inmortales aurigas,
25. tú que con las yeguas que te llevan alcanzas hasta nuestra casa,
26. ¡salud! Pues no es un mal hado el que te ha inducido a seguir
27. este camino -que está, por cierto, fuera del transitar de los hombres-,
28. sino el Derecho y la Justicia. Es justo que lo aprendas todo,
29. tanto el corazón inperturbable de la persuasiva verdad
30. como las opiniones de los mortales, en las cuales no hay creencia verdadera.
31. No obstante aprenderás también esto: como las apariencias
32. habrían tenido que existir genuinamente, siendo en
33. todo (momento) la totalidad de las cosas.

Proclo, Comentario al Timeo, 1, 345; 18-27

B2
1. Pues bien, yo (te) diré -tú preserva el relato después de escucharlo-
2. cuáles son las únicas vías de investigación que son pensables:
3. Una, que es y que no es posible que no sea,
4. es la senda de la persuasión, pues acompaña a la verdad.
5. La otra, que no es y que es nesecario que no sea,
6. ésta, te lo señalo, es un sendero que nada informa
7. pues no podrías conocer lo que, por ciero, no es (porque no es factible)
8. ni podrías mostrarlo.

Clemente de Alejandría, Misceláneas, VI 23; Plotino, Enéadas, V 1, 8

B3
1. Pues lo mismo es (para) pensar y (para) ser.

 Clemente de Alejandría, Misceláneas, II 335, 25-28.

B4
1. Observa empero las cosas que, aunque ausentes, están firmemente presentes para la mente,
2. pues no zanjará la conexión de lo que es con lo que es,
3. ni dispersándolo por todas partes ordenadamente
4. ni reuniéndolo.

Proclo, Comentario al Parménides, 708, 16-17

B5
1. Me es indiferente
2. donde comience, pues allí volveré de nuevo.

Simplicio, Comentario a la "Física" de Aristóteles, 117, 4-13

B6
1. En necesario que lo que es (para) decir y (para) pensar sea, pues es (para) ser,
2. pero (lo que) nada (es) no es necesario (para ser). A estas cosas te ordeno poner atención,
3. pues de esta primera vía de investigación te (aparto),
4. y luego también de aquella por la cual los mortales nada saben
5. yerran, bicéfalos, porque la inhabilidad en sus
6. pechos dirige su mente errante. Son arrastrados,
7. sordos y ciegos a la vez, estupefactos, una horda sin dicernimiento,
8. que considera al ser y no ser lo mismo
9. y no lo mismo. La senda de todos ellos es revertiente.

Aristóteles, Metafísica, 14, 2, 1089a2 (v.1); Sexto Empírico, Contra los científicos, VII 114 (vv. 2-6)

B7
1. Pues jamás se impondrá esto: que las cosas que no son sean.
2. Tú, empero, de esta vía de investigación aparta el pensamiento
3. y que el hábito inveterado no te fuerce a dirigir por esta vía
4. el ojo sin meta, el oído zumbante
5. y la lengua; juzga en cambio con la razón la combativa refutación
6. enunciada por mí.

La Patagonia.




El Buscador para los amantes de la vida al Aire Libre © - Andinia.com ©