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J). Locke (un empirista igual que Hume opinaba que las raíces cartesianas no alcanzaban para nutrir las ramas, ya que todavía había cuestiones que no se solucionaban, y que había que comenzar de nuevo la búsqueda de nuevos fundamentos por medio de una investigación crítica que precisara "los orígenes, la certidumbre y el acance del entendimiento humano junto con los fundamentos y grados de las creencias, opiniones y asentimientos."

En el prólogo a la primera edición de la Crítica de la razón pura (1781) E. Kant (1724-1804) hace referencia al Ensayo sobre... de Locke como la obra que parecía ponerle fin a la disputa que, pese a Descartes, los tiempos modernos no habían logrado disipar. Lo que habían logrado era polarizar esa disputa: la lucha se entabla ahora entre el dogmatismo de los racionalistas y lo que Kant nombra como el "escepticismo" de algunos empiristas. 
Los racionalistas que no se ponen de acuerdo en cómo instrumentar sus sistemas, comienzan a tener disputas internas. Esto los debilita y da lugar a los empiristas que, con esta actitud crítica demoledora, simplemente derivan los sistemas racionalistas sin lograr contruir otro. Además, por ser tan críticos, no alcanzan mucho concenso ni adherentes, con lo cual permiten que vuelva a instalarse algún otro sistema racionalista al que le pasa lo mismo y así sucesivamente. Frente a esto las ciencias físico-matemáticas estan dando numerosos logros. Locke, por ejemplo, puso fundamentos empíricos a la metafísica que, por propia denominación, tiende a escaparse de lo empírico, ya que un fundamento no puede ser algo "cambiante".

Frente a esta bifurcación de caminos Kant va a proponer un camino medio que rescata elementos de ambas posiciones. Por un lado se va a imponer un motivo racionalista. La metafísica misma merece una ponderación positiva por el conjunto de todos los conocimientos a que se puede aspirarar independientemente de la experiencia. En ese sentido Kant va a estar de acuerdo con los racionalistas: no hay que buscar principios para la metafísica en lo empírico, sino que sean independientes de la experiencia. Y también la va a seguir sustentando como una disposición natural humana al planteo de las cuestiones supremas. Dos actitudes o formas de metafísica, la otra es verla como ciencia.
Según Kant, se puede seguir sustentando la metafísica en el sentido de disposición natural, porque jamás la razón humana va a dejar de plantearse temas tales como Dios, la inmortalidad del alma o la libertad.
Los críticos más feroces de la metafísica se encuentran entre los empiristas, y frente a esa búsqueda de acercarse al sentido común, Kant les señala: aunque manifiesten desprecio por la metafísica, las grandes cuestiones metafísicas se imponen como una disposición natural a pensarla.
Del empirismo rescata la actitud crítica de haber forjado la madurez de la época ilustrada al cuestionar todo saber aparente, llevando la crítica a sus últimas instancias.
La idea de Kant es ir a las fuentes, a la razón misma. Hay que enjuiciar al mismo órgano que está tratando de dar la verdad: ¿hasta donde nuestras facultades nos permiten encontrar lo que queremos encontrar?

Crítica de la razón pura significa: crítica de la facultad de la razón en general, respecto a todos los conocimientos a que esta puede aspirar independientemente de toda experiencia; por lo tanto la crítica resuelve la posibilidad o la imposibilidad de una metafísica en general, y determina, no sólo las fuentes, sino también la extensión y límites de la misma; todo ello por principios.
La razón se vuelve actitud crítica hacia sí misma. Si logra vencer la crítica, va a quedar establecido el inventario completo de todos los conocimientos que se pueden adquirir sin recurrir a la experiencia. Y eso es la metafísica.

Dice Kant: hay un momento revolucionario en el pensamiento humano que se da en Grecia para la matemática. Bacon y, fundamentalmente, Galileo, lo instauran dentro de la física, con el cambio que suponen la investigación y la obsevación; y que lo llevan a él a plantearse su filosofía crítica como una revolución copernicana. Hay que cambiar la forma de ver las cosas, el punto de vista, porque la que predominaba era una forma de ver que no permitía avanzar, como no le había permitido a la matemática aquella forma que creía que había que dejarse reglar por el objeto. Kant dice que el sujeto no es meramente receptivo en el acto de conocer, que el mismo traza los límites del conocimiento, es decir, construye el ámbito de la objetividad. Cuando Kant dice, "el sujeto" es el que construye, no se refiere a cada uno de nosotros, sino a todos en general, es decir, al tipo humano, o a lo que él denomina "el sujeto trasendental". Nosotros, por ser humanos, captamos de determinada forma y pensamos con determinadas categorías ¿Y cuáles son estas formas y categorías? Las que el abuelo Kant dice. ¿Y como sucede todo esto? Como el abuelo Kant dice. Kant nos proporsiona un sistema, el cual no voy a intentar exponer por ser muy enmarañadamente técnico, el cual, se supone, nos explicaría de forma totalmente satisfactoria todos los "por qué" que nos pudieran surgir y nos dejaría tranquilos respecto a que camino hay que seguir para alcanzar el conocimiento. Pero el hecho es que es que la filosofía después de Kant a continuado por otros muchos infinitos caminos, menos por ese. Por lo tanto...

K). F. Nietzsche (1844-1900), ¿cómo siquiera intentar ser imparcial con él? Imposible. Su misma doctrina lo impide. El nos dice que todo se ve desde determiando punto de vista, que todo es interpretación, por lo tanto, cuanto digamos de él será también una interpretación.
Su forma de encarar la filosofía es original hasta para su más fiero opositor. El no busca, como en la mayor parte de la historia de la filosofía, un fundamento por sobre lo cambiante, sino que acepta el constante cambiar y fluir del mundo, y de nosotros mismos. Pero claro, se basa en ciertos supuestos, como cualquier otro, y lo admite totalmente, no practica la filosofía como "saber sin supuestos".

 Su forma de expresión no es para nada sistemática, sino que intenta develar y explicar sin construir sistema alguno, tanto desde una retórica "conceptualista" hasta desde una que raya con la poesía. En el ámbito en que Nietzsche se destacó más que nadie fue en el del análisis de la moral, era un genealogísta de la moral. Y cuando se habla de la moral occidental no queda otra que hablar del cristianismo; y no era para nada objetivo, el nombre de uno de sus libros lo dice todo: "El Anticristo". Nietzsche era totalmente ateo, allí reside su originalidad, no hubo otro filósofo, me atrevo a afirmar, que lo fuera. Para él "Dios a muerto", el hombre está sólo y los "débiles" se amparan en Dios para hacer más facil su existencia.

Como cita Pablo Edronkin en el cassette de introducción al CBC,:

"Nietzsche dijo: "No existen fenómenos morales, sino interpretación moral de los fenómenos"".

Para Nietzsche la moral es sólo una forma de interpretar los hechos, y una que puede ser, y es, más que negativa. Pero la cuestión también es ¿por qué existe entonces la moral? ¿Por qué lo bueno y lo malo? Estas son algunas de las preguntas a las que Nietzsche da su respuesta.

Con Nietzsche, más que con ningún otro, hay que ir a los textos, y ahí se verá si es que te gusta o no. Por eso no digo más de Nietzsche. Si quieren conocer su opinión (o la opinión más parecida a la misma que a la que se puede llegar) pidanme sus libros y les serán proporcionadas sus respectivas fotocopias por una módica suma a convenir.

La Patagonia.




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