Terrorismo biológico o bioterrorismo (III).




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Por otra parte ya no existe un enemigo concreto al cual responder, ya no puede culparse al comunismo ni apuntarse al capitalismo como únicos culpables. 
El terrorismo es algo mucho más difuso, mucho más difícil de definir sin entrar en contradicciones que pueden al acusador a convertirse en acusado.

Anteriormente era común que determinado grupo terrorista se adjudicara el atentado o secuestro que había llevado a cabo. Pero esto también ha cambiado. 
Cuando se ataca a un enemigo muchísimo más fuerte en su propio territorio es previsible que se lo haga desde el anonimato. Decir ¨¡¡aquí estoy, fui yo!!¨ sería un suicidio, y no olvidemos que aunque los fanáticos pueden en ciertas circunstancia ser suicidas, no son tontos.

Hemos llegado al extremo de que la ¨justicia¨ consiste en no dejar que un hombre se mate para poder matarlo, o matarlo antes de que el mismo se mate.

Lo peor es que este accionar no garantiza que esto sirva de ejemplo, que tenga un efecto disuasivo en otros.

El sentido tradicional del castigo desaparece, es decir, no se logra atemorizar a otros que pensaron o pudieran pensar llevar a cabo la misma acción por la cual el castigado recibe su castigo.
Este sentido de la aplicación de la ley se difumina totalmente desde el momento en que a los terroristas que la infringen aceptan el sacrificio por su causa.


Atentados como el de Tokio, efectuado en su red de metro o 
subterraneos muestra la vulnerabilidad de este tipo de sitios 
ante un posible atentado.

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