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Política: ¿ideas o intereses? (XIII).



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       7.- Lo de que el gobierno de Felipe González fue "terrible y siniestramente corrupto" es del todo inadmisible: si ello fuera cierto y con las ganas que le tenía (y le sigue teniendo) Aznar, no se habría podido librar de una condena judicial. La corrupción del gobierno de Felipe González no fue más que un bulo mediático orquestado gracias al control por parte de la derecha de la inmensa mayoría de los medios de comunicación privados y partiendo de unos casos aislados inevitables en trece años de gobierno. Con todo ello, Aznar sólo venció en sus primeras elecciones por menos de un uno por ciento de diferencia: sin este "golpe" mediático tendría que haber seguido otros cuatro años más en la oposición.

   8.- Es realmente curiosa la inversión que haces de la desconfianza de la izquierda por la democracia cuando es precisamente la derecha la que no cree en ella. Un lema de izquierda es "un hombre, un voto": para que cada uno pueda defender sus intereses. La derecha, sin embargo, tiene una visión de los problemas sociales de tipo tecnocrático: la política no es un choque de intereses sino la búsqueda de la solución de los problemas que surgen en una sociedad que, por lo demás, está bien como está; cómo las masas son bastante incultas, la derecha les da el voto a regañadientes ya que cree que sólo deberían opinar de los temas los científicos, que son los que de verdad saben (y ya se sabe quién les paga).
   La izquierda no les niega a los empresarios el derecho de voto, lo que no es aceptable es que quién dispone de recursos económicos para controlar los medios de comunicación pueda conformar la opinión pública de acuerdo a sus intereses privados: por lo tanto, falta una democratización de los medios de comunicación para que estén al servicio de todos.

   9.- La derecha parte de la concepción idílica siguiente: todos estamos en las mismas condiciones de partida y estamos participando en un juego limpio; quién se esfuerza asciende; quién no, se queda abajo.

No sólo no le deben nada los que llegaron arriba a los que se quedaron abajo, sino que tienen que estarles agradecidos ya que la prosperidad de las élites se expande también a los desfavorecidos que están a su alrededor. Esto es, evidentemente, una broma insostenible históricamente: las fortunas de todas las épocas se han amasado con el pillaje, la esclavitud, la explotación, el robo, etc. El juego no es un juego limpio, sino un juego de tramposos. Los empresarios serían muy de admirar si se arriesgaran en condiciones equitativas para todas las partes; el problema es que con su fuerza económica consiguen modificar paulatinamente las condiciones estructurales sociales para que los trabajadores tengan que aceptar los contratos que se les ofrecen: para ello se preocupan concienzudamente de que haya un nivel de paro lo suficientemente alto, regulando la jornada laboral.





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