El Gea

Política: ¿ideas o intereses? (XLII).



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   4.- Los empresarios no sólo se aprovechan de la situación vigente en cada momento para pagar lo menos posible a sus trabajadores y hacerlos trabajar lo máximo posible, sino que, además, las empresas se unen entre sí para ejercer una presión sobre el estado para que éste modifique las reglas de juego laborales en beneficio de sus intereses: este no es un juego limpio, sino un juego de tramposos. Cada mejora en la situación de los trabajadores sólo se consigue con su lucha política llegándose a una situación de compromiso: los trabajadores aceptan la situación a cambio de dichas mejoras y las empresas aceptan las mejoras a cambio de la paz social que les permite seguir obteniendo beneficios.

   5.- El contrato laboral que firma el trabajador con su empresa no es el resultado de una negociación en pie de igualdad: la empresa tiene la sartén por el mango. Esta no es sólo una opinión sino que el muy capitalista reino de España lo reconoce en su ordenamiento jurídico ya que no media entre ambos cuando surge un conflicto entre el trabajador y su empresa sino que tutela al trabajador. Este abuso empresarial también se reconoce en otros dos frentes: los consumidores están protegidos frente a excesos empresariales y los clientes de bancos y cajas de ahorro pueden pedir la anulación de cláusulas abusivas que se declaran nulas de pleno derecho.

   6.- A pesar de que la legislación defina derechos para los trabajadores, las empresas se los saltan siempre que pueden: no se cumplen ni los horarios ni los salarios de los trabajadores; aunque la ley obligue a descontaminar los residuos, las empresas socializan su coste realizando vertidos ilegales; se corrompen responsables públicos para obtener prebendas; etc. En general, la actividad empresarial tiene un componente mafioso que extiende sus tentáculos gracias al poder de su dinero.

   7.- Las empresas funcionan como organismos autónomos y los directivos tienen poco margen de decisión: si no cumplen el papel que la empresa espera de ellos son sancionados, forzándolos a modificar su conducta; si no la modifican, son despedidos y substituidos por otros más adecuados. Así, si un ejecutivo intenta tratar humanamente a sus subordinados acaba siendo castigado o substituido ya que la humanidad es un coste que implica pérdida de capacidad competitiva frente a otras empresas menos consideradas. Si dicha substitución no se produce, es la propia empresa la que acaba siendo substituida por otras más inhumanas. Al final el resultado es el mismo: sólo quedan empresas con un comportamiento explotador. Los empresarios no son más que una pieza del engranaje, la propia dinámica empresarial adquiere vida propia y fuerza los comportamientos más competitivos, los menos humanos.





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