El Gea

Sobre la complejidad de educar en valores (X).

Por Juan Ramón Tirado Rozúa, José Luis Ramírez, Aldo Mazzucchelli, Gustavo Lubatti, Cora y L.


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No basta con hacer buenas cosas (prudencia) sino hacerlas bien (habilidad). Y la habilidad del buen hacer no justifica nuestro obrar, sino que tiene que estar a su servicio.

La bondad del obrar no se dilucida con lógica formal de esa que alguien os quiere hacer tragar aquí. Pues tan absurdo sería utilizar silogismos en un razonamiento sobre asuntos humanos como usar argumentación retórica en matemáticas. La acción humana se mueve en en terreno del hacer, no de los hechos. Por eso transciende la deducción de la verdad y tiene que deliberar sobre lo bueno y lo conveniente, que es lo que hace la retórica en sus formas deliberativa, evaluativa y mostrativa. La bondad la deciden los hombres en un diálogo bien desarrollado, sin norma externa. Al esencialista escolástico que necesita un punto externo de apoyo a todo se le puede preguntar si cree en el ser humano o no. El postulado de que partimos es que el hombre es racional y ser racional significa no conformarse con las cosas como se nos presentan sino está dispuesto a estudiar aquello que favorece la eudaimonía o felicidad humana y a obrar en consecuencia. Cosa no fácil porque en el naturaleza human, además de la razón práctica hay otros incitamentos, la acrasía que tratan de limitar nuestra visión y poner los fines inmediatos por encima de los más alejados y duraderos. Por eso es necesaria la formación. Si no todo surgiría por sí mismo como el aprender a comer.

Un saludo cordial
José Luis Ramírez

L. escribió:

Estimado José Luis,

   Entiendo el problema que planteas respecto a los valores y a la acción. La verdad de la ciencia, el conocimiento de la realidad, es instrumental: sólo nos dice cómo alcanzar una meta. Pero no nos ayuda a elegir dicha meta: ahí entran, para tí, los valores.
   Mi opinión es que nuestra racionalidad sólo nos puede ayudar a entender la realidad; la selección de objetivos en la vida es irracional: no hay criterio que justifique ninguna meta. Los objetivos nos vienen impuestos, al final, por nuestra programación emocional, desarrollada a lo largo de la evolución. Cada vez que tomamos una decisión optamos por aquello que más nos atrae emocionalmente (el altruismo entra también dentro de este esquema), aunque nuestra razón nos pueda ayudar a entender la situación y las consecuencias de cada opción posible. Si podemos elegir entre tomar el sol en la playa o leer un libro, al final decide lo emocional, teniendo en cuenta nuestra capacidad de diferir o no la satisfacción inmediata.
   Una buena meta que fijarse es la felicidad, más que nada porque así no seremos demasiado desdichados (aunque la opción contraria no es descalificable racionalmente).





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