El Gea

Sobre la complejidad de educar en valores (XXIII).

Por Juan Ramón Tirado Rozúa, José Luis Ramírez, Aldo Mazzucchelli, Gustavo Lubatti, Cora y L.


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Había hablado de que el hombre es un creador de instrumentos. La rueda, la palanca, el arte de encender fuego, el uso de la piedra, del bronce y del hierro. El hombre crea instrumentos cada vez más avanzados. Tan avanzados, que ya en vez de técnica crea tecnología. La distinción entre técnica y tecnomlogía es que la técnica supone un dominio de los fines del instrumento, mientras que la tecnología nos descubre nuevos usos y, sobre todo, acaba imponiéndonos una forma de actuar y hasta una forma de pensar y de vivir. La tecnología se nos impone. Pues bien, la tecnología más importante hasta el siglo XX fue, como dice Ong, el invento del alfabeto y de la escritura. Hobbes dice en su Leviatán que aun siendo la imprenta un invento extraordinario, no se puede comparar con el invento del alfabeto. Pues la imprenta fue la que hizo posible la divulgación de la lectura y de la lengua escrita y la creación de la escuela, pero sin alfabeto no habría nada que divulgar.

Este proceso de ampliación de la cultura humana mediante el uso y creación de instrumentos es lo que hace transcender el ámbito de la praxis para internarse en el de la poiesis. La vida humana que es la praxis se sirve de los instrumentos que va produciendo y consumiendo (véase Vita activa de Hanna Ahrendt), es decir la praxis necesita de la poiesis para desarrollarse porque el hombre no es un ser meramente espiritual sino que vive en un cuerpo y sólo materializando su experiencia poiéticamente puede desarrollar su vida en la tierra.

Ahora bien, siendo el pensamiento y el lenguaje aquel instrumento primero de todos, una poiesis pegadita a la praxis, una autopoiesis (para usar la expresión aristotélica con la que denomina en alguna ocasión a la propia praxis) originará un instrumento no material pero sumamente importante. La reflexión sobre sí mismo y sobre su entorno que en principio es una mera contemplación, con la invención del alfabeto se convertirá en un instrumento material del pensar: la teoría y la ciencia que engendra. Con ayuda de la escritura podrá el hombre reflexionar sobre su propio lenguaje, analizar éste y, a través de ello, su pensamiento, creando así conocimientos del mundo bien articulados lingüísticamente e incluso descripciones y explicaciones de sus métodos de trabajo y producción. La abstracción es un producto de la lengua escrita. Del arte, que era una habilidad personal, se desarrolla con ayuda de la lengua escrita una técnica, que es una ciencia de lo práctico.





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