El Gea

Sobre la complejidad de educar en valores (XXXII).

Por Juan Ramón Tirado Rozúa, José Luis Ramírez, Aldo Mazzucchelli, Gustavo Lubatti, Cora y L.


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Por qué nos ocupa tanto y nos interesa tanto, a muchos de nosotros, este tema del Bien y la Verdad? No nos engañemos, esta discusión sobre lo que es el bien y qué relación tiene con la bondad es probablemente la discusión más importante de la filosofía. Al menos, en cuanto ha sido la primera y central discusión, que dividió las aguas siempre que se planteó, empezando por la antigüedad con Platón, Sócrates, Aristóteles... y siguiendo por todas partes. En el campo retórico se debate, expone y negocia la bondad común, en tanto dimensión de praxis social, pero no se define allí, pues brota y tiene su resguardo en la libre acción de los individuos, tomados de a uno, sin "discurso". 
Si se definiese allí (en el campo de la asamblea, digamos), los que van con mala intención a la discusión cambiarían de calidad moral una vez que son "convencidos", cosa que visiblemente en general no ocurre... 
Esto es, la gente cambia y mejora moralmente en el roce con los demás, y en el dolor de su propia experiencia. Para este "roce", la "retórica" (o sea, la parte de la vida social que consiste en discutir lo opinable, interpretar, persuadir...) es importante, pero es tan importante como muchas otras cosas, no más.

Aristóteles ha mostrado su preocupación acerca de los modos en los que lo que es digno de atención se establece entre los hombres, y creo que su marca distintiva es haberse dado cuenta de que no podía resolver los problemas de la opinión por la vía de la autoridad de los mejores, que es la propuesta de Platón.

Platón, el Divino Platón sobre el que ahora parece que está de moda abalanzarse, es un filósofo demasiado grande, incomprensible en la medida en que realmente cree en la grandeza de algunos hombres, y en la abyección de la mayoría de los demás. Es el más elitista de los elitistas. En ese sentido, es alguien que escribe para hombres grandiosos. Por supuesto, apenas es tomado por personajes ambiciosos, se vuelve una herramienta de estos. Pero eso no es culpa de Platón, sino de la pobreza moral de sus rapiñeros.

Aristóteles entendió el dilema moral de Platón: ¿establecemos lo que nosotros sabemos que es bueno y verdadero como medida contra la cual se midan todos, o ponemos todo en el mercado de la negociación, para que se establezca un orden "retórico" en donde el que manipule mejor se queda con el poder?

La dialéctica que se inaugura allí está totalmente viva. Cuando Cora nos pide que eduquemos en valores, y se lamenta de las ilusiones el consumismo de lo que ella (y muchos otros) identifican con la "globalización", ¿qué está haciendo sino reencontrando lo que el viejo Platón, tan pisoteado ahora, ya había encontrado hace 2.500 años? ¿Ahora nos molesta que los dueños de los medios, los políticos, y los mercachifles elijan la música a la que todos bailan? Eso era evidente para Platón.





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