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Sobre Dios (¿o sobre lo humano?) (XIX)



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La diferencia cuantitativa entre nuestro mundo y un mundo totalmente sin Dios será cada vez más grande cuanto más personas tomen en serio a Dios en sus vidas. Y al final, llegaría a ser cualitativa, puesto que sufrir y morir hemos de sufrir y morir de todos modos, pero es cualitativamente distinto hacerlo con o sin sentido, con o sin esperanza. La única persona que podemos influenciar decisivamente en esa dirección, para empezar, somos nosotros mismos.

Jamás podremos resolver el enigma, si partimos de la base de no aceptar soluciones. Y si "cerrado" quiere decir "por aquí, no por allá", entonces, toda solución es necesariamente cerrada. Si pedimos orientación en un laberinto, y nos dicen: "Vaya por donde quiera", no nos han dado orientación ninguna. Puede ser que eso nos haga felices (no a mí), pero no podemos decir entonces que queremos una solución. Lo primero de todo, en realidad, es saber qué queremos.

Obviamente, no tenemos otra forma de saber y hablar filosóficamente de Dios que partiendo de los seres de nuestra experiencia. En realidad, lo mismo hacemos para hablar de los seres microscópicos que por ser tan pequeños escapan a nuestra experiencia directa. Encontramos en ellos diferencias grandes, a veces, respecto de los seres macroscópicos, pero no nos escandalizamos de ello: seguimos tratando de pensarlos a partir de la única fuente que tenemos, la experiencia macroscópica, haciendo cada vez las correcciones que la razón nos muestra necesarias. Es interesante que eso mismo es lo que debemos hacer, como ves, cuando hablamos de Dios a partir de los seres de nuestro mundo.

Saludos cordiales

Néstor Martínez





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