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Sobre lo humano (¿o sobre Dios?) (II)



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El hombre es el animal universal. Puede vivir en cualquier clima y geografía, se adapta a cualquier ambiente, aprende a utilizar cualquier herramienta, se alimenta de cualquier animal o vegetal. Ninguna realidad material y particular lo encierra definitivamente. Es infinito e insaciable en sus aspiraciones y deseos. Vive torturado por cosas invisibles, impalpables, como la verdad, el bien, la justicia, la duda, Dios, etc. Sabe que va a morir. Decide y elige responsablemente su destino. Transforma la faz del planeta y pone la naturaleza a su servicio, para bien y para mal. Esto no es teoría, es la descripción de los hechos. Podemos pensar que el hombre se equivoca al pensar en Dios, no podemos negar que es el único animal que piensa en Dios, y no podemos negar que la idea de Dios es la de lo más grande que es posible pensar, por definición.

Al pensar en Dios, en el Infinito, el hombre deja incluso infinitamente atrás al universo material. No sólo engloba intelectualmente al cosmos al pensarlo, sino que al pensar a Dios trasciende infinitamente al cosmos. Y el que sostiene que Dios no existe, entonces deberá admitir que el pensamiento del hombre supera infinitamente a la realidad.

¿Qué es, entonces, el hombre? Todo lo que diga para rebajarse al nivel de los otros animales, lo señala como único: sólo él, entre todos los animales, puede decir eso. Cuanto más grande sea su conocimiento del Universo y más pequeño e insignificante aparezca él entre los millones de años luz y de años - tiempo; más apabullante será la maravilla de su mente, que es capaz de regentear cognoscitivamente esas inmensidades. Es un gran ingenuidad irreflexiva el asombrarse de la inmensidad del tiempo y el espacio, y no asombrarse mil veces más de la inmensidad de la mente humana que los está contemplando y en cierto modo abarcando y por ello mismo trascendiendo.

Y como decía Kant: "El cielo estrellado sobre mi cabeza, y la ley moral en mi corazón". En su interior el hombre descubre una ley que en cierto modo está por encima de todo el Universo y de todas sus leyes, pues no admite excepciones, ignora las circunstancias, contradice a lo que es, en nombre de lo que debe ser. Y eso lo hace dirigiéndose a cada uno de nosotros como a un "tú", por nombre y apellido, personalmente, muchas veces en contra de nuestra voluntad, como un mensaje que viene de más arriba del universo mismo.

Ciertamente, es cosa terrible ser humano.





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