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Sobre lo humano (¿o sobre Dios?) (III)



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Por supuesto que el materialista, que debe identificar al hombre con su dimensión material, tiene motivos lógicos para considerar al hombre como a un accidente sin importancia. Pero entonces, está dando la espalda a la realidad evidente de la trascendencia de lo humano respecto de todas las limitaciones de la materia. El hombre es el ser de la totalidad, la materia es siempre particular y limitada. Por eso es que hay que afirmar en el hombre una dimensión espiritual.

"La humildad es la verdad", decía Santa Teresa de ávila. No es humildad negarse a reconocer la realidad evidente, aún cuando sea la realidad evidente de nuestra superioridad. Esa superioridad no es obra nuestra, no es algo de lo que podamos envanecernos. Es un don, como la vida misma, que un día nos encontramos con que nos había sido dada. Al contrario, es fuente de responsabilidad: "Al que mucho se le ha dado, mucho se le pedirá".

Por supuesto que sería inmoral en el ser humano maltratar inútilmente a un animal, precisamente por lo que decíamos hace unos días, que la crueldad, moralmente hablando, daña precisamente al cruel. No que lo dañe físicamente, sensible o sentimentalmente, sino moralmente, en cuanto lo degrada en su
dignidad de hombre.

No entiendo lo de encerrarme en una filosofía estereotipada. A nadie se le puede pedir que profese más de una filosofía, para poder considerarlo amplio. La única amplitud posible es la de la filosofía misma, que puede ser, en efecto, más o menos amplia. Por ejemplo, la filosofía cristiana es mucho más amplia que la filosofía materialista. ésta no puede aceptar lo espiritual, aquella no tiene problemas en aceptar lo material. ésta niega el alma, aquella acepta el cerebro. ésta niega la existencia de Dios, aquella afirma la existencia del mundo material.

De todos modos, lo que importan no son las filosofías, sino las realidades. Como decía Gilson, la diferencia entre el filósofo y el profesor de filosofía, es el filósofo habla de las cosas, y el profesor de filosofía, habla de la filosofía. El hombre es una realidad, y la trascendencia de lo humano es una realidad. Sobre eso sí vale la pena reflexionar.





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