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Por supuesto que si se tiene razón, es posible estar equivocado. Sólo si se tiene “LA” razón, no es posible estarlo.

También es muy posible que todos los juicios de una doctrina sean falsos. Otra cosa es que esto no sea realmente así. 
“Algo de luz siempre tiene que haber” es una afirmación arbitraria.

Si no existe la esencia, no existen las afirmaciones esenciales de una doctrina, por lo tanto, estas no pueden ser ni verdaderas ni falsas, ya que no son. Que exista la esencia no es algo probado, por lo tanto no se puede hablar de la verdad de las “afirmaciones esenciales” para justificar la verdad de una doctrina.

Pero el problema principal radica que no tenemos un criterio de verdad válido que nos permita determinar cuando hemos accedido a “LA” verdad.

Al no tenerlo, el que existan diversas doctrinas que se acerquen en mayor o menor medida a la verdad, nos tiene sin cuidado, ya que nunca sabremos (CON RAZóN; NO POR REVELACIóN) cual es “LA” verdad, pues ni siquiera sabemos si tal cosas existe.

Lo que es evidente para unos, no lo es para otros. Por lo tanto, la evidencia no es algo que determine unívocamente la verdad.

Conocer no es equivalente a conocer la verdad.
La fe en el testimonio de un testigo no es algo que nos garantice la veracidad de algo. Simplemente tenemos fe en lo que esta persona dice, le creemos, creemos que lo que dice es verdad, pero no tenemos razones que nos demuestren que tal conocimiento es un conocimiento verdadero.
La misma creencia en su testimonio es la prueba de ello: si tuviéramos razones que nos demostraran sus afirmaciones, no necesitaríamos creer en lo que dice un testigo, simplemente sabríamos que es verdad.





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