El Gea

Algunos modelos de interpretación en Historia (XII)

Por Mario González Plata


Los más populares

Equipo para la Aventura

Supervivencia

Deportes Extremos y Tradicionales

Viajes y turismo

Fotografía y Video

Cursos

Ecología y Jardinería

Subastas

Vehículos

¿Buscando Empleo?

Energía verde

En el caso de las citas del estilo libre indirecto, si se señalan, es posible corroborar la voz que se introduce por medio de la analogía de textos, de manera que es un problema secundario la probable confusión entre los enunciados que se expresan. Consiguientemente, la “contaminación” puede darse en cualquier forma de los estilos de discurso para citar, pero improbable en el uso de comillas cuando se realiza de “buena fe”, porque también hay casos en que las palabras se cambian aún y cuando estén entrecomilladas. Por eso es que las comillas más que “distancia” marcan credibilidad para el sujeto que las utiliza, independientemente que su uso sea para estar de acuerdo, en desacuerdo o alguna otra cosa.  
 
Ahora bien, ya hemos visto que la contaminación en el nivel de la gramática del discurso, puede despejarse la posible confusión entre el citador y el citatorio por medio de semejanzas y diferencias entre los enunciados que se evocan. Sin embargo, en otro nivel más complejo se da también esta contaminación que se hace mucho más difícil de despejar y aparece en todos los estilos de discurso e incluso, en lo que llamo comillas de credibilidad y lo que algunos denominan “citas no expresas”. Por cierto, muy contradictorio este último término, porque cualquier acto de citar, es en sí mismo una expresión que tiende a establecer claramente la diferencia entre el citador y el citatorio. De lo cual se infiere que no pueden existir citas no expresas, pues lo que sucede realmente en este fenómeno lingüístico cuando se usan los conectivos, afirmaciones, negaciones, etc., es que el sujeto no se da por enterado que está citando, y ello se debe a la instrumentalización de la lengua que aflora automáticamente en el sujeto y lo obliga a evocar algo en el momento de la enunciación.
 
Aunque también sucede que la ingenuidad consciente de algunas personas al describir una enunciación, lo hacen evocando otras voces e intentan hacerlas pasar la por lo propia. En la jerga común de la academia y del marco intelectual a esto se le denomina “fusil” y no expresa, sino el mundo instrumental de la lengua, si en algún sentido pudiéramos estar de acuerdo con Barthes cuando afirma que la lengua “es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir.”      
 
Esta frase de Barthes me parece sin exageración que es bastante desgarradora y dramática, lo que yo traduciría como la heteronomía de la lengua, y a ella, no escapa nadie, ni el mismo Barthes que pretende hacerlo infructuosamente a través de la literatura.





El Buscador para los amantes de la vida al Aire Libre © - Andinia.com ©