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Algunos modelos de interpretación en Historia (XVIII)

Por Mario González Plata


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Desde siempre y sin que nos demos cuenta en la mayoría de los casos, nuestra lógica humana ha operado a través de esta combinatoria de las estructuras de la cultura para reproducir nuestra existencia como tal. Y el reto es comprender o acercarse a conocer porqué opera así, hasta donde humanamente sea posible y dentro de los cánones de esta misma lógica humana. Si la semiótica narrativa privilegia su campo por medio del signo textualizado para imponer una perspectiva y criterios en la construcción del conocimiento, se hace patente que ya no puede decir más de lo que ya ha dicho, porque esta disciplina cree en forma absoluta que el texto es la única realidad.
 
El conocimiento semiótico enfrenta un enorme problema que ni siquiera le interesa resolver, ello consiste en la exclusión del contexto que para el sólo significa un simple “simulacro” y en ese preciso instante, de exclusión y negación, tiende a sacar al texto de la temporalidad que lo hizo posible. Un texto disociado del sentido de su narrativa o habla externa, sencillamente no es posible su verosímil comprensión. En esta lógica, texto y “simulacro” no pueden divorciarse, el uno supone al otro y el otro requiere del uno para establecer semejanzas y diferencias. Palabras que suponen y expreso en sus mismos términos, pues la semiótica establece que “La lógica humana es binaria... pensamos únicamente por oposición”.
  
La semiótica estructural es hasta el momento incapaz de aventurarse a la realización de un análisis profundo sobre el “simulacro” y lo curioso es que por definición no puede realizarlo, porque la lógica narrativa se niega desde dentro, y a pesar de que “ pretende ser una teoría científica de sistemas de significación”. No está en esta teoría comprender la significación extra textual, la propia realidad que sólo tiene valor dentro del texto en tanto simulacro. Por más que Greimas y compañía digan que el texto dice y contiene absolutamente todo, que “fuera del texto, no hay salvación”, ni ellos mismos han podido prescindir del contexto cultural del texto, ni siquiera para realizar el análisis del mismo. 
 
Con esto llegamos al ámbito de la historia y la posibilidad de su proceder. Aunque ello depende de una posición muy personal, creo que su conocimiento debe de abordarse con los criterios antes señalados, de lo contrario se llegará al extremo de que el “signo” es constituyente absoluto de la historia y la sociedad como ya se argumenta.





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