José Antonio Navarro Pérez

Infinito, tiempo, metáforas y sol (XX)

Por José Antonio Navarro Pérez y Aldo Mazzucchelli et. al.


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Un ejemplo: de la misma forma que la metáfora espacial del tiempo nos puede inducir a considerar todo momento con un antes y un después, nuestra experiencia térmica también nos puede llevar a considerar que para cualquier objeto que está a una determinada temperatura es posible conseguir otros dos, uno a una temperatura inferior y otro a una temperatura superior. Sin embargo, esto no es así, ya que es imposible bajar por debajo del cero absoluto. Si entendemos el concepto de temperatura no desde nuestra experiencia térmica básica sino desde la equivalencia entre temperatura y movimiento, desaparecen los problemas de comprensión: cuando todo está quieto, nada puede ir más despacio. Hemos roto la unión primitiva que nos impedía entender la limitación inferior y hemos construido un concepto de temperatura de nivel alto que no está relacionado con la temperatura de nivel bajo. Algo así es lo que propongo para el tiempo relativista.

Respecto a tu creencia en que la mente no se reduce a física, yo tengo la creencia contraria basada en que ya es bastante incomprensible la realidad como para atribuirle, por encima, una estructura dual. Sin embargo, no por ello rechazo los aspectos mentales sino que los incluyo dentro de lo físico, incluso a bajo nivel. Algo en esta línea debes estar tú también, cuando preguntabas en un correo anterior si una piedra tal vez piensa, aunque sus intervalos perceptuales correspondan a lentísimos eventos minerales. No creo que una piedra piense, pero podría tener alguna propiedad mental difusa.

En cuanto a tu afirmación de que una sucesión no presupone el concepto científico de tiempo, estoy de acuerdo. Sin embargo, si presupone el tiempo, no como concepto claro sino como realidad difusa previa que ordena la propia sucesión. La mente no crea el tiempo, sólo construye el concepto de tiempo, aunque, evidentemente, sea un concepto arbitrario en la medida en que enfoca la realidad desde un punto de vista particular. La misma crítica que se le realiza al tiempo, sin embargo, se le puede hacer a la propia sucesión, que no deja de ser un constructo conceptual dentro de una teoría particular, del mismo modo que el propio concepto de suceso también lo es. De hecho, si el concepto de tiempo se entiende construido a partir de la metáfora espacial, parece que el propio concepto de espacio deriva de la realidad que está detrás del concepto tiempo, en el sentido que construimos el espacio a partir de las sucesiones de estados que percibimos cuando nos desplazamos: tenemos estados perceptuales diferentes para cada posición del espacio y este cambio parece implicar, no el concepto tiempo, pero sí la realidad que está detrás de este concepto (la propia sucesión es una relación de orden que define una manera de entender el tiempo).





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