El Gea

¿Por qué no ser cruel? (V).

Por Nives y Miro Fuenzalida et al.


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Aun que no se sea cristiano ni creyente, hay un soneto que no deja de impresionar al que lo lee libre de la cárcel del racionalismo. Es el famoso soneto (anónimo) a Cristo crucificado, una obra maestra de la lírica hispana:

"No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.
 

Tu me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus angustias y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo yo te amara

y aunque no hubiera infierno te temiera.
 

No me tienes que dar por que te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera."

Han pasado los años y la fe y este soneto sigue tan fijo en la memoria como los más arraigados recuerdos de la infancia.

Salud, Néstor, no dejes a nadie que entre sin saber matemáticas.

José Luis Ramírez

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