El Gea

Sociedad Post-Ideológica ? - No, gracias (II).

Por Nieves y Miro.


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El sueño de toda aproximación holistica a sido el de fijar el significado de cualquier elemento o proceso social fuera de ellos mismos, vale decir, en un sistema de relaciones con otros elementos. La totalidad estructural que surge de este intento se nos presenta como un objeto poseedor de una positividad propia que es posible describir y definir y que opera como un principio subyacente de inteligibilidad del orden social. El estatus que la totalidad posee es el de una esencia que requiere ser reconocida detrás de las variaciones empíricas que se expresan en la superficie de la vida social. Aquí no se trata de una oposición entre estructuralismo e historicismo, de si la totalidad es sincrónica o diacrónica, si no de que esta es en ambos casos una totalidad fundante que se presenta como un objeto inteligible de conocimiento. En contra de esta visión esencialista, Laclau a lo nos insta a aceptar el hecho de que cualquier sistema estructural es limitado, de que siempre esta rodeado por un exceso de significados que es incapaz de dominar y que, por tanto, la sociedad concebida como un objeto unitario e inteligible que fundamenta sus propios procesos parciales es una imposibilidad. El gran aporte del estructuralismo fue el de reconocer el carácter relacional de toda identidad social. Pero el problema fue que al transformar estas relaciones en un sistema, en un objeto identificable e inteligible, quedo preso dentro del marco esencialista. Si mantenemos el carácter relacionar de todo identidad y, junto con ello, renunciamos al intento de fijar estas identidades en un sistema, entonces lo social, en una primera instancia, tiene que identificarse con el juego infinito de diferencias, con lo que en sentido estricto del termino (si lo liberamos de su sentido restringido de habla y escritura). Pero un discurso en el que los significados no puede ser fijados, no es mas ni menos, que un discurso psicótico. Es por ello, que en una segunda instancia, el esfuerzo social se orienta hacia el intento imposible de fijación ultima.

Pero, la verdad de las cosas, lo social no se reduce solo al juego infinito de diferencias. Es también el intento de limitar este juego, de domesticar la infinitud, de reintroducirla dentro de la finitud de un orden. Pero de un orden con diferencia, un orden que no adopta la forma de una esencia subyacente de lo social, si no mas bien como el intento - siempre inestable y precario - de actuar sobre el, de hegemonizarlo. En este sentido el problema de la totalidad social se plantea en nuevos términos. Esta ya no establece los limites de lo social a través del recurso de transformarlo en un objeto determinado. De lo que se trata, mas bien, es de que lo social siempre excede los limites de los intentos por constituir una sociedad (harmónica, racional). Y al mismo tiempo, sin embargo, esa totalidad no desaparece .si la sutura que se intenta es finalmente imposible, a lo menos, lo que es posible es proceder a una relativa fijación de lo social a través de la fijación de puntos nodales. Pero estos, al igual que cualquier significante maestro, no pueden ser determinados como "categorías eternas". Cada formación social tiene sus propias formas de determinación y autonomía relativa que siempre se instituyen a través de complejos procesos de sobre-determinación que no pueden ser establecidos a priori. A partir de esta nueva noción de lo social y la sociedad, la distinción entre base y superestructura se derrumba y junto con ella también, la concepción de la ideología como un nivel necesario en cada formación social.





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