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La energía atómica (II).

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La CNEA continuará siendo un centro de investigación y desarrollo. Su futuro no se limitará a tecnologías específicas, ni exclusivamente a brindar un servicio de recolección de basura de lujo. La nueva ley que la rige abre un "abanico" de posibilidades al fijar que deberá implementar programas de investigación básica y aplicada en las ciencias bases de la tecnología nuclear, dando lugar a muchas opciones. Entre las funciones específicamente asignadas se destacan: el asesoramiento al Poder Ejecutivo en la "definición de la política nuclear", la gestión de los residuos radiactivos, la implementación de reactores experimentales (desarrollo, construcción y operación), la provisión de servicios a los operadores de las centrales nucleoeléctricas y el desarrollo de aplicaciones de los radioisótopos (biología, medicina, industria).

Energía inevitable

Durante los últimos años, en nuestro país, las centrales nucleares suministraron entre el 13 y el 15 % de la electricidad consumida. Es una proporción comparable con lo que ocurre a nivel mundial, pero que, seguramente, deberá incrementarse en las próximas décadas. 
La energía nuclear será inevitable durante la primera mitad - por lo menos- del siglo XXI, y renegar de ella significaría perder la esperanza de que los pueblos postergados alcanzaran un nivel de vida digno y un desarrollo acorde. 

El petróleo y el gas se encarecerán a medida que se vislumbre su límite. Pero, mucho antes, si no se detiene la quema de combustibles fósiles, la contaminación de la atmósfera con dióxido de carbono (CO2) incrementará el "efecto invernadero", y el consiguiente recalentamiento del planeta. El riesgo inmediato son los cambios climáticos que podrían ponerse en marcha, acarreando calamidades de magnitud. 

Se volverá indispensable contar, cada vez más, con fuentes energéticas que no generen CO2 como subproducto no deseable. Las represas hidroeléctricas, las centrales eólicas, los paneles solares y otras fuentes no convencionales, limpias pero insuficientes, no podrán cubrir las necesidades. Mientras no estén disponibles otros mecanismos de generación en gran escala, como los reactores de fusión, que despertaron grandes esperanzas pero que están muy demorados, "habrá que generar el grueso de la electricidad mediante centrales nucleares convencionales". 

Esto es válido para la Argentina, aunque pensemos que tenemos fuentes energéticas infinitas. La momentánea disponibilidad de gas alimenta esa ficción, pero el esquema se derrumba apenas nos damos cuenta de que nuestros recursos naturales serán, inevitablemente, compartidos con los vecinos del Mercosur y con todo el mundo. 
Los residuos radiactivos, que produce la actividad nuclear, deberán manejarse con tecnologías que permitan optimizar su aprovechamiento y encontrar su destino definitivo. Por lo tanto, será importante estar capacitados para realizar esa gestión de la mejor manera posible, tarea que no es menor ni degradante.

(C) Difusión CNEA - CERIDE.

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