El Gea

Orígenes de la estructura agraria de Chiguagua (XII)

Por Mario González Plata


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Es por ello que la relación de enlace entre Jalisco, Guasabe y Casas Grandes durante este período constituye la clave y nos sugiere, si no un patrón de colonización franco y abierto, sí una migración no muy intensa en forma de oleadas que condujo más tarde a la fusión con algunos grupos de la comarca y la aparición de la agricultura por difusión. Y posteriormente, también condujo a la conformación de la cultura casagrandina. De ahí, lo innegable de la decisiva influencia del mundo mesoamericano, pero así también lo fue, la de los pueblos del suroeste de Norteamérica. Lo cual no quiere decir que Casas Grandes haya sido una emulación o un eco de cualesquiera de las culturas de influencia, porque Casas Grandes al correr del tiempo adquirió una personalidad cultural propia, a tal grado que en su clímax 1060-1340 revirtió la influencia cultural hacia los pueblos del suroeste de Arizona y del Nuevo México.

El núcleo cultural de mayor esplendor de todo el norte de México en tiempos prehispánicos lo constituyó sin lugar a dudas el complejo cultural de Casas Grandes. En ese lugar se desenvolvió la segunda revolución: La creación de la vida urbana, y ello fue a partir probablemente del setecientos de nuestra era, lapso urbanístico que se conoce como el período del viejo Paquimé (700-1060). La ciudad aunque pequeña, en mucho fue muy semejante a las ciudades mesoamericanas tanto por la traza urbana y arquitectónica, como por innumerables factores de orden simbólico-religioso que expresa la misma arquitectura. (16)

A pesar del tiempo sus huellas denotan que albergó a una sociedad profundamente estratificada con relaciones económicas y políticas muy complejas. Sus habitantes practicaron una combinación de agricultura intensiva y extensiva con preponderancia a la primera, era lo más factible por aquello de proteger las cosechas del saqueo de incursiones de bandas vecinas cazadoras-recolectoras; cuestión más problemática con la de tipo extensivo que requiere de manera constante la roturación de nuevas tierras por la pérdida de fertilidad de las mismas.

En consecuencia, la agricultura intensiva se desarrolló sobre la base de una ingeniería de construcción que se reflejó en el uso de una red de canales de riego para proporcionar la humedad adecuada a los campos de cultivo, junto a la quema periódica del rastrojo de las cosechas, método muy conocido dentro de la cultura mesoamericana que se utilizaba para fertilizar las tierras a falta del estiércol que proporciona el ganado mayor.

16. Charles C. Di Peso, Op. cit., passim., Véase Michel S. Foster, “The Mesoamerican connection; A view from the South” en Ripples in the chichimeca sea, Illinois University Press, pp. 55-59.





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