El Gea

Fantasma y angustia en la fobia (I).

Por Norma Alberro - El Sigma
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Una lectura de los primeros textos freudianos (1892-1900), puede acreditar dos ideas: la primera afirma que el traumatismo y el fantasma son excluyentes uno del otro, el fantasma toma el lugar vacante dejado por el trauma en cuya veracidad Freud ya no cree; la segunda idea sostiene que el desencadenamiento de angustia está ligado a los fantasmas reprimidos. Para desarrollar estas ideas tomaré como punto de partida la correspondencia Freud-Fliess (cartas 61 a 64) (1).

Estas cartas fueron escritas durante la primavera (mayo) del año 1897, previo a lo que será su gran descubrimiento revelado en la famosa carta 69 (21-9-97): " ya no creo en mis neuróticos". Esta revelación lo lleva a abandonar la teoría del trauma colocado en el lugar de lo real. A partir de este momento, el fantasma reemplaza al traumatismo en lo real cuestionado en el síntoma.

Este reemplazo del trauma por el fantasma no se estableció de un solo golpe; se venía preparando precisamente en la primavera del 97, en las cartas antes mencionadas. En ellas es posible leer que Freud introduce el fantasma, en forma progresiva, dentro del marco mismo de la teoría del traumatismo. El fantasma es incluido en el lugar de este hecho real, de esta "escena primitiva" siempre supuesta, siempre exigible, pero de la cual no es posible, en todos los casos, encontrar su recuerdo.

En el Manuscrito L, Freud va a decir: "el objetivo consiste en llegar a las escenas primarias, lo que en algunos casos se consigue directamente, pero en otros solo a través de largos rodeos por las fantasías. Las fantasías son, efectivamente, antepórticos psíquicos erigidos para bloquear el acceso a esos recuerdos". Esta idea fue retomada en "La interpretación de los sueños" en donde afirma que "... las fantasías o sueños diurnos son los precursores inmediatos de los síntomas histéricos (...) Estos síntomas no dependen de los recuerdos mismos, sino de las fantasías erigidas sobre la base de los recuerdos".

Los fantasmas están aquí "interpuestos", "superpuestos" entre escenas primarias y síntomas, cumpliendo una función defensiva respecto del retorno de los recuerdos. Atendiendo a esta función de los fantasmas, Freud los denomina "ficciones defensivas" (carta 61). Esta función de recubrimiento defensivo lo cumplen parcialmente, ya que si los fantasmas se intensifican a tal punto de forzar el acceso a la consciencia, provocan también la acción de la represión y la precipitación de los síntomas.





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