El Gea

Fantasma y angustia en la fobia (V).

Por Norma Alberro - El Sigma
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El desencadenamiento de esta angustia real está ligada a los fantasmas reprimidos; esto es al fantasma de separación de la madre. Angustia real y fantasma parecen equivalentes, en el sentido que una desencadena el otro. El heredero del trauma es la angustia real que acompaña al fantasma de castración. Cuando Freud abandona la teoría del trauma, el lugar de lo real lo ocupa el fantasma que desencadena la angustia.

La angustia real surge ante la confrontación del sujeto con lo real. Es lo real de la angustia lo que provoca el síntoma. La angustia trae consigo, acarrea, ese objeto inasimilable, que Freud va a llamar das ding y Lacan el objeto a, que enfrenta al sujeto a su condición de objeto en la relación con el Otro. Esta confrontación trae como consecuencia una diseminación de la estructura del fantasma, en efecto el fantasma se descompone en sus partes constitutivas $ à a. El sujeto es desalojado de su lugar y ocupa el lugar del objeto. Dicha disgregación provoca angustia.

Si lo planteamos desde la perspectiva edípica, la madre entra en la estructura edípica mediante la ecuación fálica pene-niño. El niño va ser el falo de la madre. La ley ejercida por el padre: metáfora paterna, va separar esta ecuación en dos y la madre volverá a la castración y el niño será librado a su propio deseo.

La madre es el Otro (A) completo y al nacer el niño, su producto, está completa como Otro, es 1 entero. El niño es un producto que se desprende del cuerpo de la madre, en esa medida es objeto a, el Otro va ser entonces A+a = 1 es decir completo. Pero la operación de separación ejercida por la influencia de la metáfora paterna, va dar el siguiente resultado A= 1-a, es decir A tachado. El niño que ocupaba el lugar de a, será desalojado de ese lugar y se constituirá como sujeto tachado en relación con ese objeto, causa de su deseo como sujeto. Estos objetos tienen la particularidad de ser desprendidos del cuerpo, el pene es potencialmente desprendible, de allí deriva el temor a ser castrado, es decir, a perder este objeto que a algunos seres humanos les falta. Esos objetos a son las fronteras de la exterioridad, son objetos límites entre el cuerpo y la exterioridad. De allí que el fantasma al constituirse introduzca ese objeto en su estructura.





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