El Gea

Fantasma y angustia en la fobia (IX).

Por Norma Alberro - El Sigma
Autor/Copyright del texto


Los más populares

Equipo para la Aventura

Supervivencia

Deportes Extremos y Tradicionales

Viajes y turismo

Fotografía y Video

Cursos

Ecología y Jardinería

Subastas

Vehículos

¿Buscando Empleo?

Energía verde

El fantasma inconsciente determina para un sujeto su realidad. Es el prisma, los anteojos, la ventana, -todas ellas metáforas válidas-, a través del cual el sujeto aprehende su mundo, es decir tanto su semejante como su pareja sexual. El fantasma es para el sujeto una respuesta que él se ha construido para hacer frente a la pregunta acerca del enigma del deseo del Otro. Es una respuesta preconcebida que, podemos decir, sirve para todo. Le asegura al sujeto un lugar en el Otro y le otorga una significación a este lugar. Claramente se muestra la función de tapón a la falta del Otro que cumple el fantasma. La función del fantasma en el ser hablante, en tanto que él está tachado, es de hacer desaparecer la división del sujeto con el objeto, y por otro lado, al pretender manejar su deseo, es un testimonio del rechazo del sujeto a representarse como un muñeco maniobrable por el significante.

Pero, a veces, lo imprevisto irrumpe y el fantasma no es suficiente para asegurar el reencuentro del sujeto consigo mismo, y la angustia hace su aparición. Este desencadenamiento se produce frente al encuentro del sujeto con un goce desconocido para él y por lo tanto incontrolable. Este goce no es reductible a la significación fálica que le garantiza el fantasma. Si el neurótico dispone del fantasma para ofrecerle al Otro y poner límite a la angustia, es a partir de este punto de angustia que Lacan va a disitribuir los tipos clínicos de las neurosis, a saber la fobia, la obsesión y la histeria.

El fóbico, construye su objeto que es llamado como significante para suplir la falla del Nombre-del-Padre a poner un límite al goce. Los objetos de la fobia son, en particular, animales y lo que parece saltar a la vista de cualquier observador cuidadoso es que todos ellos tienen un rasgo común: pertenecen por esencia al orden simbólico. Es precisamente esta homogeneidad lo que motiva a Freud, en el texto "Totem y Tabu" a construir la analogía entre el padre y el totem. Estos objetos tienen una función específica: suplir al signifiante del padre simbólico.

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

(1) Freud Sigmund, Los orígenes del Psicoanálisis- Cartas a Fliess: carta 61, Manuscrito L; carta 63, Manuscrito M; carta 64, Manuscrito N, 1897; editorial Biblioteca Nueva, Madrid 1968.

(2) J. Lacan le Seminaire XI 1964, Seuil, p.58-59. La traducción es propia.





El Buscador para los amantes de la vida al Aire Libre © - Andinia.com ©