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JULIO de 2005.-

NOTA: Estos escritos fueron encontrados en el diario de Aranaldo Jiménez, antes de comenzar su labor en Inteligencia Exterior y luego que egreso de la Universidad del Salvador.

Definitivamente, ya nunca volverá a Bell Ville, ni a Clorinda. Ni a Buenos Aires. Y casi nadie sabía donde estaba fuera del país, salvo un par de personas que, con sus muertes, Aranaldo quedaba sin un enganche con su trabajo, así estaba, prendido con alfileres y a merced de las circunstancias políticas de la vida doméstica del país. Pero él, seguiría cumpliendo las instrucciones que le hacían legar de vez en cuando, ya sea en un almacén de Ouro Preto, en un Bohío de una playa de Panamá o en un barrio medio marginal de Vancouver, donde hacia trabajos de limpiador de galpones.

Una vez percibió que lo habían identificado, o le pareció o lo sospecho; sería el fin. Pero pudo irse a tiempo con documentos que pudo recuperar de un buzón preparado hacia dos años. Cuando pudo informar esto a Buenos Aires lo hizo por otro canal de enlace, porque sospecho que el anterior estaba quizás ya identificado, y tuvo suerte, porque así resultó y quedo para contarlo a su nuevo enlace, un pibe que le mandaron de Argentina, que hablaba muchos idiomas y le gustaban las minas como a ninguno, siempre tuvo la certidumbre que eso lo perdería en algún momento, a él. Pero pudo seguir unos años y nunca recibió ni el menor indicio de que debía volver y supo que quizás sería siempre así-

Una vez en Bahía lo contactaron de la embajada de Argentina, un secretario o algo así, le entregó una nota de felicitación de un ministro, donde se le informaba que se lo había distinguido por su labor, y luego que la leyó con la certificación de autenticidad de la oficina de códigos que el había conocido, el secretario, o algo así, la quemó un rato después, porque ese era el sistema, siempre en algún cofre o bajo un par de llaves quedaba una constancia en Buenos Aires y, nunca supo para que le serviría.

Pero, no habrá ya reconocimientos oficiales en despachos importantes, ni su eventual muerte o desaparición se comentará en publicación alguna, nunca, aunque demostró ser un patriota "sustentable", desde muy joven en una Comisaría de Bell Ville.-

Solo un reducido número de funcionarios - si no se hubieren jubilado -, en algún momento, tendrían breves palabras de elogios para él y quizás, dentro de varios años, su trabajo sea material de enseñanza para un grupo de jóvenes rápidos, inteligentes y decididos que labran su futuro con la ambición de muchos jóvenes que tanto usted, amigo lector, como yo, conocemos ya demasiado. Pero ellos, no son "sustentables". Están solo de paso hacia el "éxito", a costa nuestra.

Juan de Dios Romero





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